CALCULAR LO IMPORTANTE EN LA ESCUELA

martes, 20 de enero de 2026

 


 

La medición de todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, o esos KPI y big data que tanto se llevan ahora, creo que nos están tarando más que facilitando la vida. Hemos normalizado en nuestra vida todo tipo de cálculos: cuántas kilocalorías debo comer o qué número de almendras crudas es más saludable, cuántos segundos me cuesta recorrer un kilómetro, cuántos minutos de música escucho al año, cuántos mililitros de agua consumo, cuántos likes y seguidores acumulo, etc. Todo son números para mirarse el ombligo o librarse de uno mismo. Adoramos el número de títulos, las escalas, los bonus, los trienios, los récords...

 

A nivel educativo no andamos a la zaga. También le hemos cogido gusto a esas preciosas rúbricas donde creemos tener todo controlado y ajustado a una tabla de valores que busca calificar a un alumnado que solo quiere saber su nota final. Rellenamos tablas con porcentajes perfectos que siempre validan lo que hacemos cada curso para tener una enmarcable foto finish. O como ahora mismo, que andamos encajando esos resultados de aprendizaje y criterios de evaluación en interminables tablas donde a la fuerza todo encaja de cara a la galería. Y si no lo hace, para eso esta la IA y, en su defecto, el auditor consiguiente que hará uso de ella para saber si todo no se acopla a la perfección. Y vuelta a empezar. 

 

De tanto calcular nos hemos olvidado de innovar con creatividad y cabeza y dar cabida a aquello que consideramos importante en nuestras aulas. Quizás nunca nos hayamos puesto de acuerdo en lo que realmente importa. Unos apuestan por esa disciplina perdida, otros por la paciente tolerancia, algunos por el afecto y la empatía, muchos por la exigencia académica... como si todas ellas fueran incompatibles en esa calculada sociedad donde medimos a los centros en rankings engañosos o premiamos a los docentes según una escala difícil de entender. Para luego, al fin y al cabo, dar clase como buenamente podemos. A pesar de metodologías e investigación educativa que tienen poca concurrencia entre el profesorado. 

 

Antaño solo medíamos quiénes tenían problemas verdaderos, de cualquier tipo, para seguir con normalidad en las clases. Ahora, paradójicamente, la normalidad es contar con un alto porcentaje de estudiantes con ciertos problemas o más bajas médicas del profesorado. Tenemos todo medido pero andamos más liados que nunca. Tal vez no hayamos entendido que lo importante no se puede medir. Que por más tareas que acumulemos no hacemos mejor nuestro trabajo. Que en la educación las operaciones aritméticas no funcionan. Que la mejora de ciertas variables cuantitativas no implica mayor satisfacción personal. 

 

Encima, parece que vayamos por dos vías incomparables, donde están los que acumulan exhaustos horas y minutos de dedicación personal frente a aquellos que se han rendido y solo esperan la campana de una jubilación o prestación con sueldo y sin empleo. Y así deambulamos, con (auto)exigencias varias y tratando de calcular quién hace más o menos en esta agotadora profesión docente. No caben más indicadores para medir el desempeño de las competencias del alumno, y, en breve, el profesorado también acabará enrubricado para justificar su sueldo en base a un trabajo imposible de medir. Solo nos falta ser remunerados en base a una escala de estrellitas: ⭐⭐⭐⭐⭐

 

Cuánto aprenden nuestros estudiantes se solía medir solo, y engañosamente, en base a un examen. Ahora tenemos más instrumentos, pero no debiéramos perder la cabeza en medir decenas de variables que además de subjetivas no son tan relevantes como para que ofusquen nuestras prioridades. Volvamos a lo importante. Retomemos una educación que destaque el conocimiento sobre una ignorancia que los alumnos desconocen. Retomemos el diálogo en el aula para entrenar a unos alumnos, acostumbrados solo a mirar una pantalla a la carta, a escuchar y conversar sin que parezca un reality televisivo. Dejemos esa obsesión por una programación de aula donde simulamos saber qué tarea o actividad debemos llevar a cabo cada hora lectiva.

 

El avance de la IA nos debiera devolver ese tiempo que perdemos en tratar de justificar nuestro trabajo acumulando registros que nadie valora con autenticidad. Apostemos por leer sin aceleramiento ni buscando una síntesis generada con un número límite de palabras. Dejemos los números para encajar magnitudes técnicas imprescindibles en cada sector profesional. Entendámonos en el aula sin las prisas que exige el cumplimiento de un plan imposible. Planifiquemos para que quepa lo fundamental y no para batir estadísticas como si fuéramos una multinacional o una macrogranja. De tanto calcular variables, espero no hayamos olvidado la más importante: convivir. 

 

Foto de Ryoji Iwata en Unsplash

0 COMENTARIOS:

Publicar un comentario

Disculpa las molestias si se demora la publicación de tu comentario. Se revisan para evitar el spam habitual. Muchas gracias.

Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top