CLAVES PARA FUTUROS PROYECTOS INTERMODULARES

sábado, 28 de marzo de 2026

 

claves de proyectos intermodulares FP

 

En el evento online que tuvo lugar el pasado jueves dentro del MOOC sobre Proyecto Intermodular en FP, promovido por Caixabank Dualiza, tuvimos la suerte de contar con la presencia de Ricardo Fernández y Núria Ferré como invitados y docentes experimentados en este tipo de proyectos o retos intermodulares que tantas dudas e inquietudes están suponiendo para muchos docentes de Formación Profesional desde el pasado curso académico debido a su obligatoriedad. 

 

Además de recomendar la escucha atenta de sus intervenciones, me gustaría destacar algunos aspectos que también creo que son claves para programar un módulo que solo tiene sentido si se diseña con la colaboración del equipo docente de cada ciclo formativo y buscando un sentido real a las tareas que demandamos. A pesar de las distintas normativas, las diferencias existentes a nivel de centro educativo, el entorno socioeconómico o los recursos disponibles, la actual ley de FP nos lleva obligatoriamente hacia un modelo donde es imprescindible no solo un trabajo colaborativo del profesorado y sus estudiantes, sino también una forma de enseñar y aprender vinculada lo máximo posible a las demandas de las empresas del sector. 

 

Sin duda, idear proyectos teniendo en cuenta los intereses del alumnado, sobre todo en ciclos de grado medio o básico, nos facilitará la implicación del alumnado. Al igual que la introducción de la tecnología aplicada a nuestros módulos profesionales o ese acercamiento real a las empresas vinculando los proyectos a sus necesidades. También es una buena idea buscar la difusión de los proyectos llevados a cabo por el alumnado a través de medios de comunicación locales o buscando su promoción en los canales oficiales de nuestro centro educativo. El uso profesional de la inteligencia artificial, la incorporación de las nuevas o las básicas competencias que precisarán, el acercamiento a la empresa o un planteamiento sugerente del desafío que deben superar, son buenos ingredientes para este tipo de proyectos intermodulares.

 

Asimismo, como Núria y Ricardo mencionan, es recomendable comenzar a diseñar este tipo de proyectos antes del verano; estos próximos meses son ideales para que los equipos docentes tengan diseñados sus proyectos de cara al curso inmediato. Comenzar su diseño en septiembre no es lo más adecuado. También es deseable mantener cierta estabilidad en los equipos de trabajo y comenzar, en su caso, con al menos dos o tres profesores y módulos, que se coordinen y programen aquellas tareas o entregables que interesa trabajar para la adquisición de las competencias y resultados de aprendizaje del ciclo formativo. Buscar esa complicidad con los compañeros para hacer más grato este tipo de aprendizaje facilitará su desarrollo en el futuro. El compañerismo y la transigencia son fundamentales frente a esa forma de trabajar individualista que solemos arrastrar.

 

Podemos comenzar con retos o proyectos intermodulares pequeños y desde esa flexibilidad a la que alude insistentemente el nuevo sistema de Formación Profesional. No podemos caer en el error de enfrascarnos en tablas interminables, como si fuera un sudoku, donde el principal objetivo es cumplir con una programación imposible a efectos prácticos. En mi opinión, es vital acercar todas las tareas demandadas en los retos a la realidad profesional de cada titulación técnica. Pensar como empresa, y no solo a nivel académico, es fundamental para dar sentido a este tipo de proyecto intermodulares. Estos retos son una buena oportunidad para desarrollar esas otras competencias personales que ya diferencian a los profesionales en el actual entorno tecnológico: actitud, curiosidad, resolución, perseverancia, comprensión, modales, etc. 

 

Por todo ello, es necesaria la colaboración del profesorado de Itinerario Personal para la Empleabilidad (IPE) o de esas otras transversales (idiomas, digitalización o sostenibilidad) que se acoplan a la perfección a las necesidades de nuestros proyectos. No tiene sentido el desempeño de estos módulos profesionales a través de unos contenidos enlatados y sin una vinculación específica con el sector productivo al que va destinado nuestro alumnado.  Por todo ello, también es imprescindible reflexionar sobre la evaluación del proceso, tanto a nivel individual o de los equipos de trabajo, sistematizando la calificación y la mejora de unos proyectos que con el tiempo iremos perfeccionando. 

 

No menos importante es plantear estos retos para que puedan ser reutilizados en cursos posteriores. Si somos capaces de acordar e idear proyectos, si somos flexibles y solidarios con los compañeros del ciclo, acabaremos simplificando unos proyectos que en un primer momento nos resultan desafiantes frente a nuestra forma habitual de dar clase. Como también apuntaban, es imprescindible una formación pedagógica para trabajar de otra forma a nivel intermodular; así como visitar y conocer otros centros educativos y experiencias de aprendizaje relacionadas con la puesta en marcha de este tipo de retos. Afortunadamente, tenemos cada vez más referencias inspiradoras para aprender y adaptar estas prácticas a la realidad de nuestras aulas. 

 

Foto de goffredo crollalanza en Unsplash

FP AMARGA

domingo, 8 de marzo de 2026

 


 

Como docente en la plenitud de la vida, por no decir otra cosa, hay ciertos sabores amargos que me encantan e incluso me retrotraen a unos felices tiempos pasados. El Bitter Kas, una pinta de Guinness, la tónica Finley, las endivias, unas aceitunas partidas o un café espresso, los encuentro deliciosos gracias a ese gusto amargo que se fija en el paladar. Aviso: contenido no patrocinado. A pesar de que esa tendencia por lo amargo dicen los estudios que tiene algo de antisocial (no sé qué dirán al respecto los irlandeses e italianos) y casi hay que esconderla. 

 

En cualquier caso, el motivo de estas líneas no tienen nada que ver con mi dieta personal ni pretende ser una terapia regresiva. Venía a despotricar de la amargura que a menudo desprendemos a nivel profesional. Hay personas que han convertido en un hábito el destile de notas amargas. Y no hablo de los baches en el trabajo o de aquellas penosas circunstancias personales que todos atravesamos en algún momento; ni de esos altibajos que nos desmoralizan en ocasiones puntuales y que nos llevan a un desánimo pasajero. El aula es intrínsecamente intensa. Hay quien parece haber convertido la queja y el "cualquier mundo pasado fue mejor" en su modus vivendi para fastidio o hastío de sus colegas. 

 

Sinceramente, parece que la amargura se extiende entre el profesorado, a pesar de que vivimos en una época con relativamente un buen nivel de empleo docente (aunque con una salario que ha perdido poder adquisitivo), como consecuencia de una saturación en las tareas que no son meramente docentes o de una mayor complejidad o falta de comprensión de la juventud que habita las aulas. Quizás no estamos bien preparados para unos cambios que se pronosticaban hace demasiado tiempo y que, debido a una generalizada complacencia, no hemos sabido prevenir. Hemos querido ofrecer las mismas recetas cuando los ingredientes nos los estaban cambiando. Y hay quienes, con ese amargor perenne, pretenden culpar a unos padres y madres que bien pudieran ser ellos mismos por la edad de sus alumnos, mientras no manifiestan ninguna querencia por el cambio como si la parálisis fuera obligatoria y deseable.

 

Cuanto más se nos complica la profesión más amargura se destila. La correlación parece evidente. Los tiempos (inexistentes) donde todo era corrección y atención en el aula son un paraíso perdido que todos añoramos varias veces a la semana. A pesar de que también hay buenas jornadas lectivas donde te acuestas con la sensación de haber sido escuchado durante un buen rato. Ya sabemos que la solución no está en endulzarlo todo y tratar de camuflar esta complejidad con una capa de dulce buenismo. El azúcar parece ser que aumenta la ansiedad. Pero tampoco podemos caer en el desánimo mientras pasan las jornadas como si atravesáramos un páramo interminable que solo finaliza cuando nos aproximamos a la jubilación. 

 

Tenemos estos mimbres, y a pesar de las múltiples iniciativas, cambios, formaciones o novedades legislativas, me parece que nos hemos mirado mucho el ombligo demandando mejoras personales para desarrollar nuestros cargos, pero sin poner el acento en esas iniciativas colectivas que transforman la educación. Nos ponemos difícilmente de acuerdo en la burocracia a cumplimentar. Por no hablar de los bandazos educativos que en los últimos tiempos hemos cometido. Seguimos anclados en nuestras parcelas, y, aunque la digitalización ha supuesto la aceleración de muchos procesos de enseñanza y aprendizaje, despotricamos por igual de una administración aletargada que suele llegar mal y tarde y unos centros educativos que se paralizan porque prima la defensa de los statu quo individuales. 

 

La creciente carga de trabajo no disminuye con mayores dosis de amargor. Como en cualquier asunto humano, la subjetividad en el gusto marca nuestra reacción ante situaciones que nos resultan ásperas y que exigen lo mejor de nosotros mismos. Nos han tocado vivir unos tiempos que, sin duda alguna, pueden empeorar en todos los niveles. Pero, pecar de agoreros no nos suavizará esa travesía que a ratos nos resulta desoladora. Compartir avíos y apoyarse mutuamente, sin rehuir nuestro cumplimiento y evolución, es necesario para seguir dando oportunidades a nuestros alumnos y no caer en la amargura. Hoy toca bíter. Feliz semana.  

¿CÓMO DAR CLASE DE FP EN LA ACTUALIDAD?

miércoles, 4 de marzo de 2026

 


 

El proceso de evaluación, pese a los cambios en la normativa y todos esos criterios y resultados de aprendizaje que llevamos manejando, no parece haberse transformado sustancialmente. Quizás, y bienintencionadamente, hemos pecado de cumplidores con las directrices que nos marcaba una  malentendida ley de FP y nos hemos embrollado aún más con multitud de instrumentos o elementos con la pretensión de actualizar un sistema que requiere una mejora pero no a costa de un padecimiento estéril de cara a la galería. 

 

Si aún nos parecían poco estos cambios en la programación y en un nuestra actividad evaluadora y calificadora diaria, nos faltaba la irrupción de la inteligencia artificial. Una IA que todo lo abarca y que hace complicada una valoración donde confiemos de la autoría del alumnado. Y ese recelo es mutuo. Es innegable, pese a los alegatos en pro de un uso ético de la inteligencia artificial, que el uso y abuso de esta tecnología es imparable además de inadecuado o insensato en demasiadas ocasiones. Así es el ser humano: el camino fácil suele ser la senda más transitada. 

 

Por tanto, y siendo sabedores de que hay un uso intensivo de la IA a nivel académico (y profesional), nos toca diseñar situaciones de aprendizaje donde el estudiante se las vea y se las desee para defender cualquier tipo de actividad, tarea o trabajo a entregar al docente.  Solicitar documentos de texto con más o menos páginas, enlaces o imágenes, no es garantía de aprendizaje alguno ni de un trabajo reflexivo por parte del estudiante. Hay que reconocer que, al igual que antaño se copiaban trabajos o se trampeaba por otros medios, ahora existen infinidad de aplicaciones de inteligencia artificial generativa capaces de producir de forma suficiente cualquiera de nuestras demandas. Y van camino de una generación aún más sobresaliente. 

 

Quizás es necesario, volviendo a esa ambicionada evaluación formativa, solicitar menos pero mejores tareas con el fin de que tengamos el tiempo suficiente tanto para su corrección como para una argumentación sosegada donde el alumnado es capaz de defender oralmente los resultados obtenidos y el trabajo llevado a cabo sin chuleta alguna. La única forma de demostrar que hay una lectura detrás de cada tarea demandada es a través de una defensa oral o de un cuestionamiento público del trabajo presentado. Todo ello requiere un tiempo que es cada vez más escaso en las aulas, así como una tarea de filtrado y curación de contenidos con la ayuda de un profesorado que debe exigir ese manido pensamiento crítico. Nuestra labor docente nos exige, más que generar un sinfín de tareas, tener la capacidad de seleccionar lecturas o materiales de interés para nuestros módulos profesionales y colaborar con el estudiante a su criba y comprensión. 

 

Personalmente, me gusta publicar tareas donde leemos artículos de actualidad en clase y donde es necesario cierta atención y defensa tanto por escrito como oralmente de unas cuestiones planteadas. Asimismo, me resulta también útil exigir al alumno que todas las respuestas al trabajo solicitado se soporten a través de evidencias: capturas de pantalla, fragmentos de texto o enlaces donde poder contrastar la argumentación presentada. Obligar a este tipo de defensa no elimina la posibilidad de plagio pero sí implica un mayor esfuerzo por parte del alumnado para demostrar un trabajo bien hecho y unos aprendizajes alcanzados. 

 

Todo ello no quita que hablemos con sinceridad y abiertamente acerca del uso que hacemos de la IA como docentes o las bondades que aportan a nivel profesional las herramientas que van surgiendo. Tal vez, debiéramos primero comprender mucho mejor cómo funciona la IA y cuál es el mejor modo posible para facilitar tanto competencias técnicas como personales más allá de una visión colegial o escolar de la Formación Profesional; y centrar nuestra labor docente en la búsqueda de la atención del estudiante y en la adquisición de hábitos de trabajo que precisaran en su próximo futuro profesional. 

 

El futuro próximo parece dirigirse hacia un estudiante tipo que sabe dónde puede obtener o generar respuestas dignas de un aprobado sin necesidad de una clase magistral. Cada vez ando más convencido de que la IA nos facilitará ciertas tareas que requieren mucha carga de trabajo (preparación de exámenes, diseño de materiales, correcciones, etc.) pero a su vez nos va a suponer saber dar clase de un modo auténtico y conectando con el alumnado a la vez que somos resolutivos con esa disrupción y diversidad creciente. Cosa nada sencilla y a la que nadie nos preparara pedagógicamente (a pesar de los másteres). Los tiempos donde un docente se podía sentar mientras leía un libro durante una hora lectiva son ahora garantía de desconexión e intrascendencia para el alumnado. Y en FP aún tiene menos sentido. 

 

Foto de Mwesigwa Joel en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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