DOS PROPÓSITOS PARA LA FP

sábado, 3 de enero de 2026

 


 

 

Corren tiempos extraños. Vivimos en una paradoja constante tanto a nivel educativo como social. La tecnología y las nuevas metodologías, ahora impuestas por real decreto, debieran impulsarnos hacia una mejor Formación Profesional; pero a su vez se oyen cada vez más voces que desaprueban la obligatoriedad de unos métodos que antes eran solo cosa de algunas regiones, centros puntuales o docentes motivados. Vende ahora más la vuelta atrás a un mundo que ya no existe y que algunos imaginan como una suerte de paraíso perdido. Transitamos marcha atrás desde formaciones docentes que prometían bondades sin posibilidad de objeción de conciencia y mucha vergüenza ajena, a otro sistema donde la soberbia y la pedantería se confunden con la cultura y las ganas de hacer las cosas bien. 

 

Coincido con Pablo Peñalver en su análisis de las dificultades que arrastra la FP: falta de decisión y de diseño sistémico. En lugar de transformar hemos agudizado ciertas carencias que en la FP sobrellevábamos: trabajo en equipo de los docentes, actualización técnica (y tecnológica), motivación y comportamiento del alumnado... y ese multitasking que ya hace tiempo se demostró ineficaz. Y no, no hace falta caer en la dóciles manos del mindfulness, sino quizás valdría la pena que nos centráramos en lo que realmente importa y gestionar de otro modo esa programación diaria que nos abruma con demasiadas tareas que no son importantes para nuestra profesión. Pero no. Seguiremos un año más poniendo parches sin dar la vuelta a un sistema que nos agota y nos alienta a poner la mirada en cuántos años nos quedan para jubilarnos. 

 

Y ahí seguimos con las paradojas. Centros educativos con patios de cemento y un gotelé preconstitucional junto a otros centros donde la realidad virtual y aumentada ayudan a transitar hacia un mejor futuro profesional. Queremos ser sostenibles mientras la impresión de exámenes vuelve a las andadas en busca de resultados de aprendizaje no mediatizados por una inteligencia artificial que nos adoctrina mientras consume energía a espuertas. Más alumnado matriculado en FP que en la historia pero no demasiada inversión en determinados ciclos o inequidad entre centros y comunidades autónomas. Abundantes iniciativas y premios a la innovación pero poca gestión novedosa que reorganice y replantee procesos obsoletos y onerosos. 

 

Comenzamos el año, y este artículo que pretendía contar dos deseos para sus majestades de Oriente, ha desembocado en una suerte de soflama autoterapéutica. Aún así, mis deseos, o más bien mis propósitos personales para este nuevo año son las siguientes:

 

1. Más tiempo para lo que realmente importa. Quitando las prioridades del ámbito personal y familiar, espero poder dedicar más tiempo a los alumnos por encima de esas otras tareas que poco aportan. Aprender a simular o camuflar ese tiempo que nos roban esas programaciones ficticias o esos certificados para aparentar ante propios y extraños. Nuestra apreciada IA debería librarnos de esas faenas insustanciales, antes de que lleguen esos humanoides que prometen quitar el polvo de la casa, y no solo llevarnos a la mendicidad cognitiva. 

 

2. Lecturas. Además de despotricar de lo que nos quitan las pantallas y de la estulticia que ha contagiado a todos los públicos, hay que poner medios para esa desconexión digital que nunca llega. Competir con las redes o dejar de escrolear se ha vuelto misión imposible. Por todo ello, me prometo más dedicación a esas novelas, cómics o ensayos que aportan algo más que un vocabulario nuevo o entretenimiento. Sin duda, descubrir y amar la lectura seguirá siendo la asignatura pendiente de una educación que decidió tomar otras rutas más vistosas.

 

En fin, espero que vuestros deseos también se cumplan, coincidan o no con los míos. Aún así, estoy convencido de que, pese a la complejidad, embrollo y desnortamiento actual, la gran mayoría seguimos apostando por una Formación Profesional que suponga una etapa educativa vital para transformar las vidas de nuestros jóvenes. Démosles razones para seguir creciendo a nivel personal y profesional en un mundo que parece no ofrecer certezas ni referentes caracterizados por su humanidad y amor por la cultura. 

 

Foto de Yaniv Knobel en Unsplash

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