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¿QUÉ MARKETING EDUCATIVO HACEMOS?

domingo, 21 de enero de 2018
El término marketing chirría a muchas personas, más aún si ligamos marketing a educación, o a vender nuestros centros a esos potenciales -¿mal llamados?- clientes. Para el resto de los mortales, aquellos que no se dedican profesionalmente al mundo educativo, suele resultar muy difícil el decantarse por uno u otro centro educativo cuando existe la posibilidad de selección. En estos casos el marketing de ese centro puede hacer, acertada o desacertadamente, que el alumno o sus padres elijan uno u otro centro educativo.

Saber vender las ventajas o bondades de un centro no es una tarea difícil; más aún si dispones de ciertos recursos y algún especialista entre el personal del centro. Lo realmente complicado es que tu centro sea recordado, que tus profesores sean memorables y que se haya sabido transmitir la pasión por el aprendizaje junto a unos valores humanos. Si lo conseguimos, el marketing educativo pierde mucha de su supuesta trascendencia. Las referencias de terceros o las opiniones de primera mano de un exalumno, son más eficaces para esos futuros "clientes" y los centros educativos que cualquier otra acción comercial.

MARKETING CENTROS EDUCATIVOS

Con ello no vengo a decir que no sea necesaria una buena página web del centro educativo (actualizada, responsive y con contenidos de interés a las familias y potenciales alumnos), un blog (donde colabore toda la comunidad educativa y se profundice), unas redes sociales (donde transmitir el día a día en el aula o fuera de ella) o una buena atención por parte de los servicios de administración de cada escuela. Más reflexiones y recursos personales al respecto en estos artículos del blog sobre "marketing educativo".

Es innegable que muchas familias y alumnos pueden acabar seleccionando un centro por las imágenes de su web, sus redes sociales, por un anuncio en prensa o porque venden alguna moda educativa del momento que parece ser la panacea del futuro estudiante. Por ello, aunque parezca contradictorio con lo dicho anteriormente, sí que es importante transmitir las experiencias de nuestros alumnos y publicar abiertamente sus comentarios o francas reflexiones.

En cualquier caso, creo que el acento lo debemos poner en la atención al alumno, a sus familias y en una comunicación cercana y considerada. Porque el mejor marketing lo hace un profesor cuando recibe a un padre o una alumna y atiende sus consultas o preocupaciones, o el personal de administración informa con diligencia sobre cualquier circunstancia académica y el jefe de estudios o directora te atienden con prontitud.

En demasiadas ocasiones me he encontrado con responsables del marketing o comunicación que, a la hora de la verdad, no responden a tus mensajes o no cumplen sus propias orientaciones profesionales. Unos descuidos o una indiferencia que conlleva aún mayor desconfianza a los neófitos del marketing. Al fin y al cabo, saber vender, en el sector educativo o en cualquier otra área, pasa por la honestidad y generosidad en las relaciones profesionales que se establecen. La educación prevalece siempre sobre la formación profesional cuando hablamos de relaciones personales.

Además de seguir invirtiendo en marketing y en la imagen del centro, los equipos directivos y el profesorado debiera plantearse: ¿han mantenido o aumentado mis alumnos las ganas de aprender? ¿o han disminuido? Quizás, con esta simple pregunta podríamos medir la satisfacción de nuestros alumnos y sus familias, así como saber si estamos realizando un buena tarea educativa. Luego, ya podemos ponernos a vender...

ALUMNOS O CLIENTES

martes, 16 de septiembre de 2014
No es infrecuente escuchar, sobre todo cuando se habla de marketing educativo, que el alumno es nuestro cliente. O en su defecto, los padres del alumno. El discurso economicista que arrasa con todo, educación incluida, trata al alumno como un cliente o potencial consumidor al que satisfacer. Los centros educativos compiten por captar alumnos, subir en los rankings de mejores colegios u ofrecer lo que parece demanda la sociedad -o el mercado- actual.

Personalmente, no me gusta comparar a un alumno con un cliente; ya que como docentes también podríamos ser tratados como meros empleados satisfactores de un servicio. Aún así, existe un lado positivo si considerásemos al alumno únicamente como cliente. Si pensáramos igual que un empresario o un ejecutivo, ¿no es el cliente lo más importante en nuestra empresa? ¿no hay que tratar ante todo de satisfacer al cliente? ¿no queremos que el cliente tenga una experiencia inolvidable que lo fidelice a nuestra causa? Entonces, ¿por qué a veces parece que estemos tratando con el enemigo?

En la mayor parte de los casos, los centros educativos buscan satisfacer al cliente ofreciendo servicios adicionales: idiomas, actividades extraescolares, dispositivos electrónicos o algunas comodidades que ayuden en la ¿conciliación? laboral de las familias. Pero, ¿está el alumno satisfecho? ¿se le trata como la prioridad del proceso educativo? ¿no postergamos al alumno en función de otros intereses: horarios laborales de las familias, comodidad de los docentes, electoralismo, etc.? ¿dedicamos el 99% de nuestro tiempo a que nuestros alumnos aprendan y vuelvan felices cada jornada escolar?

Desafortunadamente existen muchos intereses que se anteponen a la educación de los alumnos. La falta de visión o el simple egoísmo - el dichoso confort- nos suelen hacer perder de vista que trabajamos para el alumno: son nuestra prioridad. Pese a la variación de la oferta y la demanda, nuestros alumnos son una materia prima única a cuidar y disfrutar cada jornada. Una demanda que nos exige actualización, pero, sobre todo, distinguir al alumno como nuestro "target" principal.

Si en lugar de una escuela, estuviesémos en una empresa corriente, no tendríamos siempre la posibilidad de convivir con chavales que nos escuchan diariamente, estudiantes sobre los que podemos influir personal y profesionalmente, alumnos a los que tratar y ser correspondidos con cariño verdadero. No sé si el cliente lleva siempre la razón, pero seguro que alumno es la razón de ser del docente. Merece ser recordado cada día que entramos al aula.

photo credit: Thomas Hawk via photopin cc
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