EDUCADOS PERO DESINFORMADOS

martes, 7 de diciembre de 2021

La batalla contra la desinformación parece que va resultar más larga y compleja de lo que podríamos pensar. A nivel educativo existen ya numerosas propuestas para que los jóvenes tengan ese pensamiento crítico que ahora exigimos como si fuera un menú de comida rápida que podemos servir a precio bajo a nuestros aprendices de consumidores. Sin embargo, no es raro que en nuestro entorno, personas con niveles de formación superior, se sumen también a campañas o mensajes donde la desconfianza es el elemento común.

 

Los miles de datos oficiales que tenemos a nuestra disposición son constantemente puestos en duda; dando mayor valor a foros en la redes o anécdotas del entorno. Las vacunas, la inmigración, la violencia de género, la homosexualidad, el cambio climático... parecen los nuevos pasatiempos o cebos envenenados para una población descreída (pese a estar más formada que en ninguna otra época). Los aprovechados de turno, por los humanos motivos de siempre, disfrutan de un perfecto caldo de cultivo para que esta adoración a la desinformación no tenga fin. 

 

"No hagas caso a todo lo que te dicen las autoridades", "Infórmate por tu cuenta", "Quieren ganar dinero a tu costa", "Eso no está demostrado, nos ocultan información." Son afirmaciones a las que es fácil sumarse si ves peligrar tu salud o estatus. Parece que parte de la sociedad actual, sin otras preocupaciones más urgentes, ha optado por opinar y sumarse a cualquier corriente que avale unas tesis adulteradas. Igual que nunca imaginamos que sufriríamos una pandemia, tampoco somos capaces de visionar una guerra civil o mundial en nuestras fronteras; o vivir sin libertad con temor a ser apresado por unas ideas, una orientación sexual o un origen étnico. Algunos parecen más cómodos con las conspiraciones de turno o ejerciciendo de illuminati como forma de vida. Es más fácil ver fantasmas ireales que amenazas ciertas a nuestro privilegiado modo de vida e integridad física. 


Al igual que pasa en el mundo educativo, que funciona a golpe de modas, los bandos se multiplican entre los educadores "de toda la vida", los supuestos idealistas, los pragmáticos forzosos o los advenedizos que pregonan teorías no exportables a todos los contextos. Medimos poco lo que se aprende o seguimos por comodidad con una cantinela docente que no altere el agotamiento de un profesorado cada día más desmotivado. Preocupa ver tanta nadería y escaparatismo en las redes al igual que inquieta el culto a la imagen o la búsqueda de soluciones exprés porque nos aburre leer textos de más de dos mil palabras. 


Desde el aula no disponemos de fórmulas mágicas que esquiven el sectarismo de jóvenes y futuros adultos. La fórmula de hay que leer no garantiza evitar ser pasto de las redes y sus mentiras; tampoco la cultura ni un título académico avalan un buen juicio. Para más inri, los docentes debemos ir con pies de plomo para no ser acusados de adoctrinar a los menores. Solo nos queda dar datos para justificar los hechos y exigirlos a aquellos que afirman memeces. 


Photo by K V S T on Unsplash

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