¿CÓMO DISEÑAR CON IA MEJORES MATERIALES PARA FP?

domingo, 20 de septiembre de 2026

 


 

Siguiendo con el mainstream educativo donde no cabe formación sin IA ni actividad donde esta no intervenga, me interesa hoy reflexionar no sobre la conveniencia o no de su uso si no sobre cómo hacemos uso de ella los docentes. Parece que fue hace siglos cuando unos pocos, sacrificando tiempo personal, nos dedicábamos a diseñar materiales en aquellos módulos profesionales en los que no encontrábamos recursos editoriales a nuestra medida y con la intención pedagógica que necesitábamos. 

 

Actualmente es justo lo contrario. Cualquier docente se ha convertido en un productor aventajado de materiales técnicos y didácticos a la altura de un editor profesional. O al menos eso nos hace creer la inteligencia artificial generativa. El problema se origina con la propagación de un uso mediocre de la IA digno de un local de fast food. Todo son prisas. ¿Quieres una actividad? En segundos con el primer prompt improvisado tengo resuelto el problema. Y ahí andamos, generando materiales por encima de nuestras posibilidades y creyéndonos ahora unos fenómenos de la creatividad y la didáctica. Y además nos congratulamos. El síndrome del impostor ya tiene cura. 

 

¿Quieres una infografía?, ¿un resumen?, ¿un examen? o ¿una rúbrica? Por no hablar de los cientos de programaciones que ahora pasarían sin problemas una auditoría de la NASA. Sin embargo, aún quedan artesanos forzosos que, o bien no se atreven a usar la IA generativa por falta de conocimiento, o han pasado a formar una resistencia frente a un mundo donde gana el que más archivos genera sin tener en cuenta su valor e idoneidad. Y así andamos, al igual que en esa primera era de Internet donde idealizamos la tecnología, democratizando la medianía educativa y con escasos ejemplos de un uso excelente y guiado por aquellos que saben. Mucha ética sobre su uso, pero la conquista del Oeste ha vuelto. Y somos muchos colonos estresados.

 

Sin duda, el problema venía de atrás. Si ya era complicado que los docentes se zambulleran en lecturas pedagógicas o en manuales técnicos; ya sea por falta de tiempo, interés o esa malentendida libertad de cátedra que se acaba confundiendo con un libertinaje donde cada docente cree que su método es el adecuado según su experiencia; ahora se allana el camino. El corta y pega se extiende y cualquier tarea de equipo se elabora como el diseño de un puzzle. La coordinación docente acaba limitada a una unión de piezas sin tener en cuenta la amorfia del producto final. Y todos tan contentos mientras se marca la tarea como completada. ¿Docentes optimizando como alumnos?

 

¿Y qué hará el mundo editorial de los libros de texto? No tengo ni idea. Pero sin duda, para estas empresas es un reto tratar de mejorar la productividad docente en una etapa educativa -la FP- que requiere abundantes materiales actualizados y el diseño de tareas prácticas y motivadoras para el alumnado. Aún así, parece que la necesidad de desconectarnos de las ahora antipáticas pantallas con el fin de esquivar la estulticia generalizada de las próximas generaciones, significará una vuelta ineludible hacia el papel impreso. Sin desdeñar la comodidad que supone un libro de texto para aquellos docentes que andamos con más de seis módulos distintos cada curso. 

 

Volviendo al título que inicia este artículo: ¿cómo diseñar mejores materiales didácticos? No tengo ningún prompt ejemplar que ofrecer ni me han otorgado título alguno de experto en IA con el que deleitaros. Sin embargo, al igual que antaño, creo que los mejores materiales se crean cuando hay una cuidada reflexión sobre los objetivos de los mismos; cuando existe una intención educativa clara y el conocimiento de una diversidad metodológica que ayuda a su diseño; cuando se trabaja desde la predilección hacia el alumnado o hacia una materia determinada; cuando se trabaja coordinadamente con compañeros con distinta experiencia acumulada y compartida; cuando se revisa y no se da por sentado todo aquello que un sistema de probabilidades ha generado para contentar a cualquier mortal apático; o cuando no se hace simplemente para engrosar la carpeta de evidencias de calidad educativa. En definitiva, cuando dedicamos un tiempo de calidad con la colaboración de una u otra herramienta de IA de la mano de nuestra veteranía, principios pedagógicos comunes y esas evidencias educativas que podemos incluir en nuestras aulas. 

 

Foto de Kryštof Zajíček en Unsplash

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