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¿CÓMO DAR CLASE DE FP EN LA ACTUALIDAD?

miércoles, 4 de marzo de 2026

 


 

El proceso de evaluación, pese a los cambios en la normativa y todos esos criterios y resultados de aprendizaje que llevamos manejando, no parece haberse transformado sustancialmente. Quizás, y bienintencionadamente, hemos pecado de cumplidores con las directrices que nos marcaba una  malentendida ley de FP y nos hemos embrollado aún más con multitud de instrumentos o elementos con la pretensión de actualizar un sistema que requiere una mejora pero no a costa de un padecimiento estéril de cara a la galería. 

 

Si aún nos parecían poco estos cambios en la programación y en un nuestra actividad evaluadora y calificadora diaria, nos faltaba la irrupción de la inteligencia artificial. Una IA que todo lo abarca y que hace complicada una valoración donde confiemos de la autoría del alumnado. Y ese recelo es mutuo. Es innegable, pese a los alegatos en pro de un uso ético de la inteligencia artificial, que el uso y abuso de esta tecnología es imparable además de inadecuado o insensato en demasiadas ocasiones. Así es el ser humano: el camino fácil suele ser la senda más transitada. 

 

Por tanto, y siendo sabedores de que hay un uso intensivo de la IA a nivel académico (y profesional), nos toca diseñar situaciones de aprendizaje donde el estudiante se las vea y se las desee para defender cualquier tipo de actividad, tarea o trabajo a entregar al docente.  Solicitar documentos de texto con más o menos páginas, enlaces o imágenes, no es garantía de aprendizaje alguno ni de un trabajo reflexivo por parte del estudiante. Hay que reconocer que, al igual que antaño se copiaban trabajos o se trampeaba por otros medios, ahora existen infinidad de aplicaciones de inteligencia artificial generativa capaces de producir de forma suficiente cualquiera de nuestras demandas. Y van camino de una generación aún más sobresaliente. 

 

Quizás es necesario, volviendo a esa ambicionada evaluación formativa, solicitar menos pero mejores tareas con el fin de que tengamos el tiempo suficiente tanto para su corrección como para una argumentación sosegada donde el alumnado es capaz de defender oralmente los resultados obtenidos y el trabajo llevado a cabo sin chuleta alguna. La única forma de demostrar que hay una lectura detrás de cada tarea demandada es a través de una defensa oral o de un cuestionamiento público del trabajo presentado. Todo ello requiere un tiempo que es cada vez más escaso en las aulas, así como una tarea de filtrado y curación de contenidos con la ayuda de un profesorado que debe exigir ese manido pensamiento crítico. Nuestra labor docente nos exige, más que generar un sinfín de tareas, tener la capacidad de seleccionar lecturas o materiales de interés para nuestros módulos profesionales y colaborar con el estudiante a su criba y comprensión. 

 

Personalmente, me gusta publicar tareas donde leemos artículos de actualidad en clase y donde es necesario cierta atención y defensa tanto por escrito como oralmente de unas cuestiones planteadas. Asimismo, me resulta también útil exigir al alumno que todas las respuestas al trabajo solicitado se soporten a través de evidencias: capturas de pantalla, fragmentos de texto o enlaces donde poder contrastar la argumentación presentada. Obligar a este tipo de defensa no elimina la posibilidad de plagio pero sí implica un mayor esfuerzo por parte del alumnado para demostrar un trabajo bien hecho y unos aprendizajes alcanzados. 

 

Todo ello no quita que hablemos con sinceridad y abiertamente acerca del uso que hacemos de la IA como docentes o las bondades que aportan a nivel profesional las herramientas que van surgiendo. Tal vez, debiéramos primero comprender mucho mejor cómo funciona la IA y cuál es el mejor modo posible para facilitar tanto competencias técnicas como personales más allá de una visión colegial o escolar de la Formación Profesional; y centrar nuestra labor docente en la búsqueda de la atención del estudiante y en la adquisición de hábitos de trabajo que precisaran en su próximo futuro profesional. 

 

El futuro próximo parece dirigirse hacia un estudiante tipo que sabe dónde puede obtener o generar respuestas dignas de un aprobado sin necesidad de una clase magistral. Cada vez ando más convencido de que la IA nos facilitará ciertas tareas que requieren mucha carga de trabajo (preparación de exámenes, diseño de materiales, correcciones, etc.) pero a su vez nos va a suponer saber dar clase de un modo auténtico y conectando con el alumnado a la vez que somos resolutivos con esa disrupción y diversidad creciente. Cosa nada sencilla y a la que nadie nos preparara pedagógicamente (a pesar de los másteres). Los tiempos donde un docente se podía sentar mientras leía un libro durante una hora lectiva son ahora garantía de desconexión e intrascendencia para el alumnado. Y en FP aún tiene menos sentido. 

 

Foto de Mwesigwa Joel en Unsplash

¿EN QUÉ DESTACAN TUS ALUMNOS?

sábado, 26 de octubre de 2024

 


 

El éxito del mensaje de Ken Robinson con su libro "El elemento" planteaba la necesidad de seguir aquello que te apasiona para ganarte la vida. A pesar de las críticas y alabanzas a este mensaje, aún hoy en día continuamos planteando esa dicotomía, que nos incomoda, entre vocación y empleabilidad. Difícil trabajo tienen los orientadores. Tal vez, como docentes, no ayudamos lo suficiente a nuestro alumnado a resaltar en aquellas cualidades que mantienen en barbecho. Por distintas razones (número elevado de estudiantes, escaso tiempo, falta de cultura al respecto) no verbalizamos esas aptitudes o talentos que individualmente cada uno de ellos atesora.

 

Con facilidad descubrimos las carencias más evidentes o el éxito sobresaliente de aquellos alumnos que despuntan por los extremos. Sin embargo, es menos frecuente explorar y destapar las habilidades personales o aquellas artes en las que cada uno de ellos destaca. La predominancia, en principio sensata, de una evaluación objetiva, nos lleva a centrarnos en las competencias y contenidos que todos los estudiantes debe agenciarse; sin ahondar en las especificidades que a nivel individual pudieran relucir. Se suponía que la inclusión y la diversidad venía a enmendar este entuerto; pero nos hemos quedado en tratar de solventar los casos más complejos, de la mano de los especialistas, dejando de lado al estudiante medio que puebla mayoritariamente las aulas. 

 

Los procedimientos y la burocracia no son necesarias para alentar al alumno. Todos somos capaces de resaltar las cualidades que cada joven posee en mayor o menor medida. Probablemente, muchos chavales jamás han recibido un halago o felicitación por su forma de ser, sus cualidades personales o sus inclinaciones profesionales. No podemos ni debemos tomar decisiones académicas o laborales en el nombre de los alumnos o sus familias, pero sí es posible reforzar y elevar las motivaciones que muchos no encuentran para su futuro de vida. Destacar en qué son buenos, además de corregir sus carencias, es un ejercicio sencillo que podríamos automatizar en nuestra práctica docente. De manera informal pero como una responsabilidad necesaria. Seguramente, incorporar esta práctica ayude a insuflar la energía que muchos chavales requieren durante su paso, más o menos anodino, por el sistema educativo. Sin importar sin son buenos o malos estudiantes, mejores o peores en su comportamiento, impertinentes o juiciosos. ¿La educación no era inclusiva?

 

Y, de paso, lograr uno de los objetivos de nuestra labor. Como dice Meirieu:

...nuestro trabajo consiste en convencer a nuestros alumnos, contra toda fatalidad, de que un futuro diferente es posible. Un futuro en el cual, gracias a que habrá conseguido aprender, podrá comprender mejor y comprender el mundo, y así asumir, prolongar y subvertir su propia historia.

Foto de Robby McCullough en Unsplash

COMPETENCIAS DIGITALES NECESARIAS PROFESIONALMENTE

lunes, 4 de febrero de 2019
Que las competencias digitales son ciertamente vitales en cualquier profesión es algo indiscutible hoy en día. No hay profesión alguna que no precise de unas competencias digitales mínimas, en mayor o menor grado; ya sean para comunicarse, obtener información, cuidar la identidad digital, manejarse en un entorno seguro o incluso ser conscientes de la necesidad de hacer un uso razonable de la tecnología en la que estamos voluntaria o involuntariamente inmersos (muy interesante el término #SlowTech acuñado al respecto).

competencias digitales y metodologías


Es por ello fundamental hacer un análisis personal, tanto a nivel docente como por parte de los alumnos, del nivel de competencia digital y formación en TIC que cada uno poseemos. De este modo seremos capaces de descubrir nuestras debilidades y carencias en relación al mundo digital que nos rodea y qué competencias debemos desarrollar. Siguiendo el marco europeo DigComp, que establece cinco áreas y 21 competencias, en la web del proyecto Ikanos del Gobierno Vasco podemos encontrar una herramienta online que nos ayuda a realizar esta autoevaluación personal generando un informe individualizado.

fuente: http://www.ikanos.eus/perfil-digital-personal/
Estas competencias digitales son una de las bases fundamentales, sobre todo a nivel de la Formación Profesional, para el desarrollo y mejora de nuestra docencia tanto a nivel de productividad personal, trabajo de la creatividad en el aula o el progreso de otras competencias comunicativas. El marco TPACK nos ofrece una buena explicación al respecto, de modo que, a nivel pedagógico, disponemos de tres áreas primarias de conocimiento que deben ser trabajadas de forma conjunta: Contenidos (CK), Pedagogía (PK) y Tecnología (TK).

fuente: http://alyssajaynegdlt.blogspot.com/2013/03/the-tpack-framework.html

Como docentes sabemos que estas tres áreas necesitan ser trabajadas en cualquier proceso de enseñanza y aprendizaje. Ni los tecnófobos ni los frikis tecnológicos tienen la respuesta a ese permanente de deseo mejorar la docencia y la motivación del alumnado. Los contenidos, hoy despreciados por algunos visionarios, siguen estando vigentes aunque el modo de llegar a ellos sí es necesario que continúe sufriendo cambios con la ayuda de una pedagogía transformadora y basada en las evidencias y experiencia profesional. Curiosamente, es esta área -la pedagogía- la que suele ser considerada por el propio profesorado como la más esencial en su labor docente. Sin embargo, seguimos trabajando demasiado con un "prueba y error" o utilizando las herramientas de moda de cada momento.

La diversidad de metodologías junto a una mirada realista a la vez que optimista son imprescindibles para llevar a cabo esa revisión permanente que exige la enseñanza.

Os dejo con la presentación de un taller realizado al respecto el pasado 26 de enero en el colegio Salesianos Atocha que tuvo por título: "Metodologías y Competencia Digital".




photo credit: classic_film Marion Ross, Teacher's Pet (1958) via photopin (license)

DE LA FORMACIÓN Y REFLEXIÓN DEL PROFESORADO

jueves, 5 de julio de 2018
Cuando conoces la realidad de otros centros educativos se percibe rápidamente que las inquietudes son habitualmente comunes con independencia de la localización geográfica o la titularidad del centro. Parece que hubiera un espacio universal donde el profesorado y los equipos directivo estuvieran transitando permanentemente en búsqueda de esa actualización pedagógica que cubra las expectativas de los alumnos y, sobre todo, de una sociedad exigente ya por norma.


Creo que esa abundancia de formación ofertada, utilizando como analogía las líneas de Herbert Simon que aparecen en el siguiente tuit de Carlos Magro, nos desvía de algún modo de los objetivos de una actualización docente que a menudo confundimos con estar al día de las modas educativas; agobiados por esa pretendida innovación educativa, el edutainment, los gurús, los influencers, etc.

En este mundo de sobreinformación, ya es hora de comenzar a reflexionar sobre a qué prácticas educativas merece la pena dedicar nuestro cada vez más escaso tiempo. Si realmente conviene practicar o utilizar determinadas herramientas o metodologías -innovadoras sólo en el nombre- que en breve caerán en desuso o si merece más la pena compartir momentos de reflexión con docentes con cierto bagaje de nuestro centro o entorno más próximo.

En cada centro educativo tienen, por herencia cultural o por la línea de trabajo en el centro, una serie de puntos fuertes que no se valoran lo suficiente y merecen ser explotados y difundidos. Luego, en cada escuela, tenemos también unas carencias concretas que son aquellas que merecen ser trabajadas al margen de esas modas educativas y requieren de una sosegada reflexión para no perder tiempo ni recursos en actividades estériles. Porque hay escuelas que necesitan formación para adquirir una competencia digital mínima, mientras que a otras les interesa desarrollar más la cooperación de sus docentes o, tal vez, sólo requieren actualizar contenidos o materiales a disposición del profesorado.

Es por ello indispensable saber quien nos puede ofrecer esa formación, si ha pisado el aula o tal vez no sea necesario, o si tal o cual metodología está basada en evidencias auténticas (recomiendo la lectura del blog de Marta Ferrero: situsupierass.wordpress.com). No se trata de demonizar, ni mucho menos, prácticas con décadas de experiencias como el Aprendizaje Basado en Proyectos, o la utilización puntual del juego en el aula, usada a lo largo del tiempo, o la edición de vídeos con fines educativos.

Estoy hablando de que si bien muchas prácticas o experiencias pueden ser utilizadas en el aula, debemos previamente reflexionar sobre su uso y acometer su introducción con cautela y sin desechar métodos o herramientas que, por parecer antiguos, no son menos eficaces en esta compleja labor que es la enseñanza. Por concretar, me disgusta que en muchos centros se venda más (y se compre también más) el bilingüismo o el uso de ciertos dispositivos, que un buen plan lector a medida de cada etapa educativa y vertebrado con la escuela, las familias y el entorno.

Resumiendo. Estoy convencido que los equipos docentes, a nivel de centro, debemos encontrar esos tiempos de reflexión o atención a las prácticas que queremos llevar a cabo, tanto a nivel individual (con lecturas y cavilación), como a nivel grupal con nuestros compañeros. Precisamos de esa reflexión para no errar ni en el diagnóstico ni en las terapias que nos puedan vender como un remedio rápido a los perpetuos y variables inconvenientes de la educación. Y, aún así, seguiremos haciendo lo que podemos.

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DOCENTES (PRESUNTOS) IMPLICADOS

lunes, 9 de abril de 2018
Que la educación dependen en gran medida de nuestros docentes podría tildarse de perogrullada, pese a la falta de inversión educativa, el inexistente y soñado acuerdo educativo o los tumbos que damos a causa de las modas y los intereses económicos que merodean sobre la educación.

Pese a todo ello, si hablas con cualquier otro docente, con familias o alumnos, o con miembros de los equipos directivos escolares, la gran mayoría tienen claro que la diferencia en la educación la marcan los docentes de cada aula. Una diferencia que se materializa gracias a la implicación en el aula, con sus alumnos, con las actividades del centro y con su cultura del aprendizaje. Una implicación que pasa por destacar por el cumplimiento de nuestras obligaciones, lo cual no quita proponer o quejarse cuando creamos conveniente, así como por preocuparse por cada uno de tus alumnos.

Pasar de puntillas por el aula, terminar de dar clase y desconectar de tu actividad educadora puede ser una actitud que no merezca reproche, pero que queda lejos de la exigencia constante que supone atender a tus alumnos, preparar clases o editar nuevos materiales, organizar actividades, sumarte a proyectos del centro o un sinfín más de tareas que van surgiendo a lo largo de cada curso. 

Porque estar implicado pasa también por remar en dirección a los métodos y fines que persigue tu centro educativo, pese a que esté más o menos de acuerdo, o pese a que muestres diferentes criterios. Cada claustro se compone de personas con muy diferentes pareceres y con experiencias vitales diversas; aún así, nos hace falta ser más conscientes de que esa falta de implicación puede redundar en la tarea de los compañeros, en los valores que transmitimos a los alumnos o en la imagen que da nuestro centro educativo. Las comparaciones entre compañeros debieran llevarse a cabo sólo para ver qué acciones o prácticas tienen éxito y poder compartirlas libremente. 

Cuando hablo de implicación no hablo de absentismo laboral, sino de lo que aportamos al clima laboral de nuestras escuelas cuando renegamos, hablamos mal de algún alumno o compañero o simplemente hacemos las cosas por inercia o cumplir el expediente. Por fortuna, la mayor parte del profesorado sigue esforzándose y motivada pese a los muchos sinsabores de esta profesión, el prestigio en decadencia de las escuelas, la complejidad actual de los alumnos y familias o el exceso creciente de tareas no relacionadas directamente con la docencia. 

Sigo creyendo que la innovación educativa pasa por compartir experiencias de aula, respetar una línea pedagógica bien definida por el centro educativo, y ceder tiempos y espacios al profesorado para que se articulen propuestas educativas de calado donde el protagonista principal sea el alumno. Y para esto, no nos queda otra que la implicación. Implicarnos en una educación que más que vivir de ideales beba de acciones que fomenten el humanitarismo, la creación, la lectura y la reflexión.

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¿EL SISTEMA DE CALIFICACIÓN FUNCIONA?

lunes, 22 de febrero de 2016
La calificación numérica de los alumnos es una de las tareas más ingratas, además de incordiante, de los docentes. Supongo que siempre habrá quien disfruta calificando o clasificando alumnos en función de unos baremos, pero entiendo que no resulta muy atractivo ni demasiado edificante tener que asignar un número al alumno del cero al diez en función del trabajo realizado y del aprendizaje supuestamente obtenido.

Podemos disfrazar nuestra buena voluntad en unas pruebas presuntamente objetivas que suelen limitarse a ciertos exámenes escritos y a la presentación de unos trabajos, también normalmente escritos, que se camuflan como "deberes" y que pueden subir o bajar nota e incluso suspender al alumno.

sistema evaluación calificación pedagogía

Entiendo también que el "ojímetro", es decir, la observación del alumno; su trabajo, interés, actitud, esfuerzo, voluntad, iniciativa, colaboración, empatía, bondad,... es más importante aún que otro tipo de pruebas. Coincido con Rosan Bosch, que afirma: "En los exámenes de la escuela no se mide el liderazgo, ni la capacidad de aprender por uno mismo o las fórmulas para colaborar de la mejor forma posible. Tampoco cómo buscar información y contrastarla o saber concentrarse cuando hay muchas distracciones. Todo eso no se evalúa en el colegio y son capacidades básicas en el mundo real."

Si nos fijamos además en la poca influencia del expediente académico, donde las habilidades personales y los contactos priman cada vez más, ¿por qué tanta obsesión en el boletín de notas o en las pruebas estandarizadas?

Personalmente cada vez me cuesta más tener que "cantar" unas notas finales que parecen a veces castigos o premios en lugar de acicates para seguir aprendiendo. No estoy en contra de la exigencia ni a favor de los aprobados generales, pero en ciertas etapas educativas el sistema de exámenes y de calificación dominante carece de función pedagógica. ¿Por qué no cambiarlo?

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POSTUREO EDUCATIVO

viernes, 4 de diciembre de 2015
Con tanta red social, edición multimedia, marketing educativo y otros varios inventos de la última década es fácil caer involuntariamente en el postureo educativo. Las medidas de calado para transformar la educación no pueden basarse simplemente en unas citas bonitas, vídeos entrañables o escenarios donde proclamar nuestra buena hechura.

postureo educativo
Lamentablemente siempre hay vendedores de humo en los que podemos caer al adquirir tecnologías, formación o nuevos métodos. Un buen decorado, un vestido adecuado y una oratoria brillante pueden causar más perjuicios que cualquier ley educativa. Estar atentos al fondo, a la experiencia profesional que sustenta la propuesta o conocer los intereses económicos es más que imprescindible para no errar en decisiones que suponen tiempo y dinero para los centros educativos y sus docentes.

La infoxicación ha llegado a todos los sectores y cribar entre tanta propuesta metodológica, software o dispositivo tecnológico es una tarea ardua que requiere mucha reflexión y debate interno. Las ocurrencias se suelen pagar caras aunque no por ello debamos dejar de aventurarnos en nuevas acciones dentro del aula.

Tener una línea clara y adaptarse cada año a las necesidades del alumno y de las empresas (en el caso de la Formación Profesional) es fundamental para no pegar bandazos en busca del deseado cambio educativo. Más pedagogía y una mente abierta a otras experiencias educativas se hacen imprescindibles si queremos seguir avanzando.

Remover principios e incitar a replantearse la labor docente es un sano ejercicio siempre que no caigamos en el postureo educativo y queramos emprender un camino hacia el cambio efectivo y trascendente. Escuchar activamente a nuestros alumnos y a compañeros más inspirados o visionarios suele ser más provechoso que una ponencia o congreso cualquiera. Contra el postureo educativo sólo nos queda actuar y continuar haciendo desde la cavilación.  La docencia es una profesión muy exigente si realmente deseamos lograr una educación digna de recordarse. No hay atajos.

photo credit: SXSW: Selfie Stick via photopin (license)

ESCUELA DE FUTURO O EDUCACIÓN RETRO Y VINTAGE

domingo, 1 de noviembre de 2015
Que existen corrientes que buscan el cambio educativo es una realidad innegable. Que hay docentes innovadores esparcidos por las aulas es fácilmente comprobable a través de las redes. Que la gran mayoría de centros educativos arrastra una pedagogía retro es, desafortunadamente, otra realidad con la que convivimos (unos mejor que otros).

escuela futuro retro vintage educación
No tengo ni idea a donde nos llevan los vertiginosos cambios tecnológicos y sociales que hoy vivimos. De lo que estoy seguro es que la escuela debe no sólo adaptarse a ellos, sino también ser una parte fundamental del cambio; y no lo estamos siendo. Nos dejamos arrastrar por modas, el mercantilismo tecnológico o un mal llamado marketing que acaba resultando más fachada que otra cosa.

Echo en falta una escuela que cree tendencia. Una escuela que, junto a las familias, sea un espacio conformador de valores de convivencia que se reflejen posteriormente en el mundo laboral. Una escuela que sea un espacio humano por encima de todo. No podemos tener una escuela donde las buenas intenciones se queden en un mural de cartulina que se despega fácilmente en cuanto comienza el alumno su vida profesional.

Para ello, debemos ponernos por delante del mercado, de las herramientas tecnológicas disponibles -que son complementarias- y de las múltiples competencias que se demandan laboralmente. Como docentes podemos ser más transgresores, valientes, decididos o disruptivos. No podemos seguir haciendo más de lo mismo, sometidos a un libro de texto, a lo que se ha hecho toda la vida; exámenes y cuatro actividades complementarias. Crear, hacer pensar, discutir. Todo menos seguir dejando la iniciativa a políticos o comerciales.

En el marco de las leyes educativas tenemos espacio para llevar esta iniciativa. Pese a reválidas, recortes y falta de consenso, hay espacio para transformar el aula en un lugar diferente, lejos de la competitividad insana, los rankings o jornadas escolares estresantes. ¿Cómo hacerlo? No tengo la respuesta, pero hace falta mucha pedagogía para con las familias, los docentes y los equipos directivos que deben ser los impulsores -de común acuerdo y con pleno convencimiento- de esta transformación.

No podemos seguir instalados en escuelas retro donde se siguen métodos de hace más de cincuenta años, ni escuelas vintage, donde pese a las tablets o pizarras digitales, se sigue evaluando y tratando de enseñar como a principios del siglo pasado.  La modernidad pasa por escuelas que sean únicas para cada alumno, donde el proyecto de centro suponga un trabajo en equipo y a la vez una tarea diferenciada de cada docente; donde las emociones y la humanidad impregnen todo el proceso de enseñanza y aprendizaje.

photo credit: Cycle Messenger via photopin (license)

¿HAS INSTALADO TUS ACTUALIZACIONES PEDAGÓGICAS?

martes, 5 de mayo de 2015
Perdón por la comparativa, pero se me vienen a la cabeza muchos docentes cuando leo en un PC el mensaje de Windows: "Instalando actualizaciones". ¿Existe alguna iniciativa seria que contemple la actualización pedagógica del profesorado de un modo periódico? ¿o pensamos seguir atrapados en la versión Windows 3.1 o XP por comodidad y nostalgia?

pedagogía actualización docenteLa mayoría de los docentes en activo, sin contar con el cuerpo de maestros, pasamos de puntillas por el trámite del "Certificado de Aptitud Pedagógica", también llamado CAP, que ha certificado de todo menos el conocimiento pedagógico durante casi cuatro décadas. Ahora, en el Máster del Profesorado, con pocos años de vigencia, parece que tampoco se está avanzando mucho en renovación pedagógica con las nuevas promociones de jóvenes docentes. La aptitud se nos supone con estos títulos habitualmente desfasados.

De todos modos, el problema, o la solución, se encuentra en la escasa o nula actualización pedagógica que recibimos o buscamos los profesores. Me atrevo a decir que la gran mayoría de docentes, licenciados o graduados universitarios, no se han preocupado nunca por conocer en profundidad las diferentes corrientes pedagógicas o los pedagogos más ilustres. Pocos docentes, titulados como economistas, juristas, matemáticos, ingenieros, arquitectos, farmacéuticos... podrían citar a más de dos pedagogos influyentes.

Parece que la pedagogía no ha sido nunca una prioridad de la política educativa. Hay muchos planes para recursos TIC, certificaciones de inglés, evaluaciones estandarizadas o el coaching educativo que parecen estar de moda. Pero, ¿para cuando una formación o actualización formal o reglada para todos los docentes en activo? Nos hinchamos a hablar del siglo XXI, de redes sociales, de coaches, de una sociedad líquida, del fracaso escolar... y seguimos con los mismos recursos pedagógicos heredados que seguimos reiterando. A lo sumo, leemos algo, nos informamos por las redes sociales o tenemos algún compañero/a preocupado por estos "temas" didácticos.

Hoy más que nunca es necesaria una actualización pedagógica. Necesitamos una base en nuevas y viejas pedagogías que nos permitan afrontar la docencia con más recursos y con una nueva mirada. Los alumnos se merecen profesores actualizados que sepan trabajar en el aula con todas las herramientas disponibles, no sólo tecnológicas, sino sobre todo metodológicas. Urgen medidas, no contempladas en las leyes educativas, que exijan esta actualización pedagógica a través de un programa serio elaborado por docentes de los que pisan el aula, investigadores, orientadores y pedagogos. Un programa con carga horaria, en actualización permanente, que cada pocos años nos capacite en nuevas pedagogías. Un programa impartido por profesores experimentados. El "que bien lo hacemos todo" no cabe en la actualidad. 

Es preciso marcar la opción recomendada: "Instalar actualizaciones automáticamente". Es importante tener el deseo de actualización, y nos sobran motivos para descargarlas, sobre todo si queremos ser honestos profesionalmente hablando. La competencia digital, el emprendedurismo o las lenguas extranjeras tiene su importancia, pero los procesos de enseñanza-aprendizaje no pueden progresar si no nos ocupamos de nuestra competencia pedagógica. Mientras tanto, seguiremos autoproveyéndonos de pedagogía a través de compañeros y lecturas. 

photo credit: Screen shot 2011-03-07 at 19.05.56.png via photopin (license)
Con la tecnología de Blogger.

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