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LA IDENTIDAD DIGITAL PROFESIONAL DE DOCENTES Y ALUMNOS

martes, 8 de octubre de 2024

 

IDENTIDAD DIGITAL MARCA PERSONAL ALUMNOS Y DOCENTES FP

 

La identidad digital del alumno es una cuestión que viene tiempo tratándose en las aulas. En la Formación Profesional es un asunto que debía incorporarse de un modo transversal a través del casi extinto módulo de Formación y Orientación Laboral (FOL) como una forma de mejorar la empleabilidad del futuro titulado/a y ampliar sus posibilidades de éxito en el mercado laboral de sus sector profesional. Ahora, con los nuevos módulos de Itinerario Personal para la Empleabilidad I y II (IPE I e IPE II), uno de la Resultados de Aprendizaje (RA5) hace una mención explícita a esta identidad digital:

 

Aplica las estrategias para el aprendizaje autónomo reconociendo su valor profesionalizador, diseñando y optimizando su propio entorno de aprendizaje haciendo uso de las tecnologías digitales como herramientas de aprendizaje autónomo, siendo coherente con su identidad digital y sus propios objetivos profesionales planteados en su plan de desarrollo individual.

 

Al igual que en el RA1 de IPE II donde un Criterio de Evaluación (CE) hace referencia a esa marca personal donde la identidad digital es, sin duda alguna, una variable a tener en cuenta:

 

Se ha construido una marca personal identificando las necesidades del mercado
actual, sus habilidades, destrezas y su aporte de valor

 

Como docentes no todos tenemos interiorizados este concepto ni adoptamos estrategias para su desarrollo. La identidad digital, como profesores, parece que nos queda lejos cuando obtenemos una plaza fija o consolidamos nuestro puesto de trabajo. Más allá de publicar la paella del domingo, el cumpleaños de turno o el atardecer a la orilla del mar, no dedicamos demasiado tiempo a estos menesteres. O no damos importancia a nuestra presencia en las redes o en los buscadores de Internet, o ceñimos nuestra presencia a cuestiones personales alejadas de nuestra faceta profesional. Evidentemente, no es obligada una presencia digital positiva para todos los docentes de FP, así como también es aceptable la ausencia de una identidad digital. El problema puede venir cuando esa identidad digital se descuida, mezclamos lo personal en exceso o se mete la pata por imprudencia o falta de sensatez. Sin olvidar el mal ejemplo que damos cuando caemos en el hateo, el exhibicionismo digital o en el empleo de cuentas anónimas como desahogo personal. Un adolescente tiene disculpa pero a cierta edad roza lo grotesco. Asimismo, las cuentas oficiales de los centros educativos también debieran ser un ejemplo para no caer en la insustancialidad de las redes; se puede entretener, informar y transmitir valores sin fomentar ese bombardeo adictivo continuo que nos tiene a todos embaucados en una u otra medida. La guía de la AEPD también nos puede ayudar a evitar una difusión inadecuada de datos o imágenes.

 

Enseñar acerca del cuidado de la identidad digital de un modo profesional, debiera venir de la mano de  profesionales que cultivan y protegen su presencia en un entorno que acaba trascendiendo a nivel laboral. No hablo solo de cuidar la seguridad de nuestros dispositivos o configurar la privacidad de las redes sociales (muy útiles los materiales del INCIBE); sino más bien acercarse a nuestro sector productivo o de servicios y conocer de primera mano la actualidad profesional a la que se dirigen los estudiantes y los medios más óptimos para obtener una presencia diferenciadora y un valor añadido que faciliten esa inserción laboral pretendida. Muchos materiales sobre la marca personal en este artículo publicado en el blog de la Fundación Adecco. Igualmente, sería provechoso alentar la autenticidad a la hora de crear contenidos, evitando el plagio o el uso desmedido de la IA para generar textos, imágenes o vídeos con escaso mérito.

 

El uso de X (la red anteriormente llamada Twitter), a pesar de ser una red con millones de seguidores, parece ha quedado como un reducto donde se vocifera en exceso y donde tendemos a arrimarnos a nuestro bando preferido sin posibilidad de acuerdo o convencimiento. Sin embargo, todavía quedan joyas por descubrir si eres una persona curiosa y no se fía solo del algoritmo de Elon Musk. Eso sí, no merece la pena la discusión con aquellos que despotrican sin piedad o pretenden iluminar tu vida. Los perfiles de docentes de FP no abundan y hay escasas publicaciones específicas para esta etapa, más allá de algunas cuentas viejunas que resistimos a duras penas. 

 

En Instagram, a pesar de las tonterías que nos atrapan, podemos encontrar información útil para los estudiantes relacionadas con el ciclo formativo o con actividades que otros docentes muestran. Si indagas, puedes encontrar cuentas corporativas de interés, pese a que el formato invite más al consumo rápido que a la reflexión (como es habitual en el ecosistema digital). Algo similar ocurre con TikTok, donde la viralidad y la velocidad en la expansión de contenidos, tampoco anima a la atención o un conocimiento profundo; aunque pueda sugerir fuentes de información para desarrollar contenidos técnicos.  


LinkedIn es otra cosa. De momento no hay demasiado ruido y es fácil encontrar recursos útiles por parte de empresas, entidades o personas con experiencia. Saber el currículo de quien produce los contenidos o recomienda publicaciones, es una magnífica variable para filtrar a quien sigues en esta red. La veteranía puede ser un grado en un mundo profesional plagado de vendedores de humo que se autoconsideran expertos o ponentes habituales con mucha ligereza. Informarse sobre normativa, proyectos o noticias de tu sector es fácil a través de su buscador o conectando con las personas adecuadas. 


Nuestras presencia digital dice o calla mucho más de lo que pensamos de nosotros mismos. Al igual que he tenido la suerte de encontrarme con magníficos profesionales de la educación también me he tropezado en ocasiones con la bilis de quienes (normalmente de forma anónima) entienden la vida como un campo de batalla o una carrera de adoctrinamiento. Tenemos la posibilidad de sensibilizar al alumnado para no formar parte de estos últimos tipos, mientras les animamos a aportar, crear contenidos valiosos a la par que aprenden; sin duda será un resultado de aprendizaje esencial para cualquier estudiante y futuro profesional. 


Foto de Mariia Shalabaieva en Unsplash

Los jóvenes son más sensatos (que los adultos) con las redes sociales

jueves, 23 de marzo de 2023

Puede que ha llegado el momento en que las nuevas generaciones hacen un uso más sensato de las redes sociales, o al menos más comedido, que sus progenitores. El desatado uso que hacen algunos adultos de sus redes parece confirmarlo. Mientras, los más jóvenes, adolescentes incluidos, muestran reparo a la hora de publicar (fuera de sus círculos) cada paso que dan o cada suceso, de mayor o menor importancia, que acaece en sus vidas. Pese a las excepciones y disparates a cualquier edad.

 

Tienen claro que no es necesario publicar cada momento de asueto con sus amigos, cada fiesta a la que acuden, cada aniversario que celebran o cada visita instagrameable. Algunos ya optan por cerrarse las cuentas de algunas redes sociales, una vez sufrida la toxicidad de las mismas, o por convertirse en meros espectadores de las simplezas que subimos el resto de mortales. Ven incluso con malos ojos la publicación de las imágenes de menores por parte de sus padres, o la crónica habitual de las efemérides privadas. ¿Para qué? Se preguntan con cordura. 

 

Ya sabemos del peligro de robo sobre nuestras viviendas cuando publicamos dónde nos encontramos en cada momento; las amenazas de los depredadores sexuales de menores que pululan por las redes; las consecuencias nefastas en la empleabilidad por un perfil "descuidado"; o las secuelas mentales por el abuso en la conexión a las redes. Pero ahí seguimos, cada día, metiendo la pata para el gozo de extraños o la vergüenza ajena de los propios. No es raro el hecho de que aumenten las cuentas falsas o anónimas por muy distintos motivos. 

 

La parte positiva de las redes sociales, a nivel profesional, es la que hace aguas. Son minoría los que cuidan y alimentan un buen perfil digital con fines meramente laborales. Crear contenidos útiles en tu área técnica, compartir recursos valiosos para otros colegas o comentar con mesura las publicaciones de compañeros de profesión, son campos con mucha posibilidad de crecimiento. Pocos son los jóvenes estudiantes o recién titulados que miman su identidad digital haciendo un uso profesional de redes como LinkedIn o sacan partido a su presencia en Twitter, Instagram o TikTok. 

 

Prevenir el robo de tiempo que nos ocasionan las redes sociales no debería ir reñido con la utilidad profesional por hacer un buen uso de las mismas. Los más jóvenes deben ser formados y sensibilizados al respecto como una herramienta diferenciadora más a su alcance. Pese a que ya puedan darnos lecciones de un uso discreto de las redes sociales personales.

 

Los jóvenes son más sensatos (que los adultos) con las redes sociales

MARCA PERSONAL O NO TIENES ABUELA

sábado, 11 de febrero de 2023

La marca personal y el narcisismo son la pareja ideal que sin embargo sufre una relación tóxica. La burbuja inflacionaria de las redes sociales hace mella con esa agonía personal por el número de seguidores, interacciones y likes en detrimento de otros valores. La titulitis imperante también hace imposible un buen cartel personal si no detentas másteres, premios o doctorados en tu carta de presentación. Olvídate de ser concejal de festejos de tu pueblo si en esa ristra de títulos oficiales. Todo ello nos lleva a esa vanidad que causa vergüenza ajena donde un ponente es capaz de hablar más de sí mismo que del tema que le debiera ocupar. No hacen falta los presentadores de eventos.


Los anglicismos en las credenciales profesionales ya nos adelantaba esta ola de afectación. En educación el profesor de economía debía ser un teacherpreneur o cualquier autónomo es ya el CEO de su propia ferretería de barrio. Ahora incluso nos asaltan los latinajos para diferenciarnos gracias a la sabiduría de los clásicos (que se torna incongruente cuando rascas un poco). Cicerones digitales que presumen de vidas personales y profesionales para obtener clics, aplausos y contratos en una sociedad que carece de pudor ante la imagen privada. Todo vale para enunciar una frase supuestamente motivadora que caerá en el saco roto de las redes. El elogio a la superficialidad pública de una posadolescencia que se alarga.

 

Y en España, para más inri, el trabajo más soñado o buscado es el de influencer. Somos la excepción en una Europa donde ser escritor, piloto o desarrollador es más popular. Nos llega y somos los recaderos de un mensaje de éxito digital donde cualquiera puede hacerse famoso creando contenidos en las redes sociales, editando fotos personales o creando vídeos. Un mensaje que ha terminado calando en los más jóvenes a pesar de que sus prescriptores más avezados hace tiempo que no optan al carnet joven. 

 

La marca personal o esa identidad digital que algunos pretendemos trabajar con los estudiantes no tiene nada que ver con esa tendencia a la presunción. Es importante enseñar a preservar la intimidad, cuidar lo que uno publica sin caer en incongruencia o en la inmodestia; saber comunicar los logros profesionales, sin necesidad de embaucar ni tratando de deslumbrar a la audiencia es un valor a distinguir en el entorno laboral y educativo. Las carreras profesionales de éxito hablan por sí solas. No necesitamos diapositivas deslumbrantes con fotos de estudio ni multitud de títulos compulsados para apreciar el trabajo, la dedicación y la experiencia de los que hacen (normalmente por los demás) más que hablan. 

 

No tener redes sociales es ya cosa de perros verdes o dinosaurios. Una opción respetable, por supuesto. Como también lo es la exposición pública de nuestra imagen y reflexiones personales (entono el mea culpa). Mantener el equilibrio en nuestras publicaciones y dejar para las abuelas las alabanzas me parece una buena política de marca personal. La autoadulación siempre ha sido un mal distintivo individual tanto en el mundo digital como en el terrenal. Enseñemos a nuestros alumnos, hijas e hijos, que la marca personal no es un medio para forrarse ni vender humo; que es tan solo un medio para comunicar adecuada y convenientemente lo que sabemos hacer. Sin lecciones ni grandilocuencia. 

 

marca personal digital

CUIDADO CON LA IDENTIDAD DIGITAL

martes, 13 de septiembre de 2022

La identidad digital personal o la corporativa penden de un frágil hilo. Un hilo fino que se (de)forma con esa endeble rueca que tejen las redes sociales, las reseñas o cualquier foro abierto a comentarios ajenos. Hoy no hay nadie a salvo de ver perjudicada su imagen u honor con o sin motivo. Todos conocemos casos de empresas perjudicadas por un mal comentario que se viraliza o personas que padecen el escarnio público por algún comentario desafortunado o políticamente incorrecto. 


Los juicios populares nunca fueron un buen modelo para la justicia. Menos aún, cuando, agazapados bajo el anonimato, cualquier malasombra puede mencionarte con nombre y apellidos o señalar a tu empresa si le viene en gana. Repito, con o sin motivo alguno. Luego, purgar tu identidad digital, resulta tarea difícil, si no imposible. Eliminar esos comentarios negativos o esas ofensas no está siempre en nuestras manos. Lo del "derecho al olvido" está por recordar... Al menos las redes sociales si nos permiten bloquear indeseables o suprimir comentarios dejados en nuestro espacio personal; aunque no ocurre lo mismo con una reseña cualquiera dejada en Google o en algún otra web de opiniones donde nos puede puntuar cualquier fulano. Por no mencionar el sistema de puntos, niveles e insignias virtuales que ofrece Google a los comentaristas locales más productivos.

 

Valorar a tu jefa, a tus compañeros, al camarero, al dependiente, a tu propia empresa, a tu centro educativo, a los profesores de tus hijos o a cualquier vendedor o prestador de un servicio, es la tarea más fácil del mundo: con un clic iluminaremos más o menos estrellas según nuestro ánimo o irritación momentánea. Para más inri, resulta que ahora hay muchas reseñas falsas o comentarios efectuados bajo pago con el fin de ensalzar las virtudes del artículo o establecimiento de turno: "Hay empresas comerciando con reseñas positivas de productos."


Desde los centros educativos podemos hacer algo, no demasiado, con el fin de sensibilizar a los más jóvenes sobre la sensatez del uso de las redes o acerca de la conveniencia o inconveniencia de publicar ciertas opiniones, imágenes o valoraciones demasiado improvisadas. La marca personal, para bien o para mal, puede influir en una futura búsqueda de empleo. Es preciso educar sobre lo inoportuno que es verse conminado a valorar a un empleado a través de un botón verde y sonriente, porque, en su defecto, como recientemente me soltó un auxiliar: "me puedo ir a la calle". 


Me parece que con el metaverso que viene todo puede ir a peor con un despendole generalizado. A no ser que decidamos disfrazarnos en esa maraña virtual que viene donde nadie responde a un DNI ni a una fecha de nacimiento verdadera. De momento, nos queda tener cierta empatía con aquellos a los que valoramos, ser discretos, respetuosos y mostrar un perfil público donde no cometamos los atropellos que en la vida presencial no cabrían en nuestra cabeza. Al igual que una gran mayoría no insulta ni vocifera, ni se mete con las ideas de los demás, no entiendo ese libertinaje que se acomoda en las redes.

 

Por ahora, cuidemos mucho cada tecla que presionemos y recemos por no cruzarnos con algún desalmado sediento de identidades.  

 

PUDOR DOCENTE

jueves, 27 de enero de 2022

La palabra pudor suena a término antiguo, desafasado, propio de tipos del pasado siglo. Hay quien asocia la modernidad a la exhibición permanente, al "es que yo soy así" y "si quieres, puedes". Los que predicamos en el joven desierto de las aulas, donde los famosos y sus chándales son motivo de adoración, sonamos a disco de vinilo rayado. ¿Será el pudor cosa de boomers reaccionarios?

 

El comportamiento pudoroso, como indica la RAE, hace referencia a una actitud personal honesta, modesta y recatada. ¿Es eso rancio? Otros tres adjetivos que parecen en desuso ante la avalancha de bonitos rótulos en inglés, cargos rimbombantes y redes sociales con centenares de seguidores pero con cuatro gatos auténticos como real followers. Donde el sígueme y te sigo, dame al like y dórame la píldora entre emoticonos es lo más chill (si se dice así ahora...).


La estulticia humana hace que publiquemos datos personales en cualquier sitio, sin querer y queriendo. El ego nos invita a dar detalle de cada acontecimiento privado aunque no nos suponga ningún beneficio profesional. La falta de vergüenza propia nos anima a desvelar intimidades, compartir el albúm de fotos personal o radiar donde nos encontramos en cada festivo. En tiempos donde la identidad digital debiera ser cuidada al extremo es frecuente encontrar todo tipo de publicaciones por supuestos modelos profesionales que, además, trasladan esa imagen de "éxito" a la chavalería y dan lecciones de prestigio, siempre presunto, para alcanzar la gloria. La confundida libertad de expresión con el derecho a la tontería mientras los demás sufrimos vergüenza ajena.

 

Habrá quien determine que es un problema de millennials, viejenials o tontenials. No lo creo. El problema se agudiza con aquellos que antes ya eran soberbios e imprudentes y disponen ahora de todos los medios para campar a sus anchas y magnificar simplezas íntimas. Desde los estados de Whatsapp, a las historias de Instagram, los tiktoks... tenemos innumerables herramientas para alimentar la impudicia con etiquetas de #supercool. Las cápsulas de pudor ya no se recetan ni siquiera en los centros educativos. Las prescripciones actuales pasan por contar tu vida, éxitos fantasmales y miserias incluídas, para ser cercano y cualquiera vea que eres imprudente pero auténtico. 

 

Al final va a ser cierto aquello de que los políticos son reflejo de la sociedad. Esperemos que no ocurra lo mismo con los docentes. 

 

Photo by Laura Fuhrman on Unsplash

Con la tecnología de Blogger.

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