Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revolución. Mostrar todas las entradas

¿SLOW EDUCATION?

miércoles, 30 de septiembre de 2015
El sistema educativo actual parece querer contagiarse del afán de productividad predominante en la estructura social y económica. Seguimos centrándonos en unos contenidos demasiado departamentalizados donde prima la cantidad de epígrafes "aprendidos" en lugar de un aprendizaje significativo. Más horas, más contenidos y más pruebas.

slow education
Por otro lado, caemos también en modas, más o menos autoimpuestas, que nos hacen cautivos de ciertos dispositivos tecnológicos o nos obsesionan en la adquisición de unas competencias concretas (véase idiomas o nuevas reválidas). Un consumismo poco educativo que puede ocasionar una obsolescencia continua.

Afortunadamente, hay en marcha propuestas que priorizan las metodologías activas y una organización escolar diferente a la tradicional. Aún así, la estructura horaria, los exámenes y las sesiones de evaluación, los libros de texto, los deberes por norma, un espacio físico rígido o el excesivo dirigismo académico que sufre el alumno, no permite llevar a cabo un proceso de enseñanza-aprendizaje sosegado y paulatino.

Echo de menos más tiempo para digerir los aprendizajes. Tiempo para centrarse en lo importante: los alumnos. Tiempo para disfrutar de contenidos y competencias sin necesidad de terminar una programación. Tiempo dedicado a reflexionar y llevar a cabo proyectos con diferentes metodologías. Es un sinsentido dedicar más tiempo a la burocracia o a nuevos planes educativos que disponen cambios de forma pero no de fondo. Y en estos menesteres la política educativa tiene mucho que decir al respecto.

Necesitamos una slow education que prime la cercanía al alumno, la exigencia desde la particularidad de cada uno de ellos y una evaluación reposada. El resto, puede esperar.

photo credit: n192_w1150 via photopin (license)

EVOLUCIÓN, PLANIFICACIÓN E IMPROVISACIÓN DOCENTE

viernes, 19 de diciembre de 2014
La incertidumbre que nos toca vivir a los docentes (inquietos) en la actualidad no parece ser comparable a la vivida en anteriores épocas. La constante evolución de las metodologías, el desarrollo de nuevos y pasados modelos didácticos, la necesidad latente de pasar de una escuela tradicional a otra escuela más tecnológica o alternativa, nos lleva a muchos docentes a un cuestionamiento permanente de nuestra labor.

Este cuestionamiento se plasma a la hora de abordar las programaciones, pero, sobre todo, a nuestra forma de (inter)actuar durante las clases. No dar tanta importancia a los contenidos, más cambiantes que nunca, o buscar un funcionamiento democrático real en el aula, provoca inseguridades a los que hemos mamado de una escuela directiva donde el libro de texto y los exámenes eran un cimiento seguro. Te sientes inseguro cuando crees que el alumno abusa de tu tolerancia, o te falla el convencimiento cuando percibes que el alumnado no se implica en tus "diferentes" actividades. 

A la postre, en mi caso, acabo en ocasiones añorando aquellos "felices" años donde con un libro o unos apuntes eternos, tenías el reinado del aula garantizado. Por suerte, me dura poco la nostalgia. Por suerte, sí noto más aprecio en unos alumnos que disfrutan aprendiendo en clase. Por suerte, una mayoría se esfuerza e interesa. 

Por ello, y sabiendo que no existe un manual del docente diez ni coaches con fórmulas magistrales, sí creo en la esencial necesidad de evolucionar como profesionales. Sí creo en la improvisación como herramienta que quebranta el tedio en el aula. Creo igualmente en la planificación, pero en el sentido de una reflexión constante de nuestra enseñanza y aprendizaje. Y, también creo, aunque me cuesta abordarla con eficacia, en la importancia del esfuerzo. Un esfuerzo a trabajar desde la coherencia personal, donde el alumno pueda sentir nuestra pasión por el aprendizaje.

Para terminar, os invito a leer estos dos artículos que te dejan con aún más vacilación:

photo credit: byronv2 via photopin cc

LA TECNOLOGÍA NO REVOLUCIONA LA EDUCACIÓN

sábado, 6 de diciembre de 2014
Que la tecnología o las llamadas TIC no están suponiendo ningún cambio radical en la educación, es más que evidente. Tenemos ejemplos suficientes, en la actualidad y a lo largo de la historia, de la insignificancia de la tecnología como motor del cambio educativo. Los docentes somos la mejor herramienta para transformar la experiencia académica del alumno y servir de acicate para su desarrollo personal y profesional. 

Podemos llenar de tabletas, portátiles, pizarras digitales, apps o móviles nuestras aulas, pero el cambio comienza en nosotros. Ya no sirve lo de siempre, pero sí podemos revolucionar con el ejemplo de aquel profesor/a memorable que encendió la pasión durante nuestros años escolares. De los muchos años que pasé en las aulas, he olvidado el 99% de lo que estudié en libros de texto, pero sí me ha dejado huella el manual de ortografía escolar utilizado con pasión por Don Andrés o las diapositivas de Juanjo sobre Arte para preparar el acceso a la Universidad. El resto de artilugios, calculadoras, manuales, castigos, premios, deberes o boletines de calificación pasaron sin pena ni gloria durante mis 17 años de enseñanzas regladas.

Todo esto lo puedes encontrar perfectamente expresado en el siguiente vídeo. Un vídeo para reflexionar sobre la (no) importancia de las TIC la educación. Tecnología que nos ayuda a evolucionar, pero no a revolucionar la educación. El profesor, y no las TIC, es el único que puede al mismo tiempo "inspirar, desafiar, emocionar para que los estudiantes deseen aprender", como bien explica Derek Muller (@veritasium) en el vídeo al que llegué gracias al blog de Ben Rimes.



Con la tecnología de Blogger.

.

Back to Top