SE VENDEN CLASES

miércoles, 4 de febrero de 2026

 


 

La diversidad en el aula, más allá de la heterogeneidad de alumnado que tenemos, es una realidad cotidiana. No es difícil sorprenderse cada día con las dispares situaciones que nos tocan vivir. Como me comentaba un estudiante el otro día: "Vuestro trabajo es entretenido". Y no le quito la razón. Estamos demasiado amenizados; y no solo con el trabajo que supone la preparación de las clases, la gestión del aula y los ingredientes añadidos que se multiplican. También por ello es fácil caer en el lamento y en ese "cada curso vienen peor". Hasta los propios alumnos ya reniegan de las promociones que les van pisando los talones...

 

Sin embargo, hoy no pasaba por aquí para despotricar sobre el sistema educativa actual, la prohibición de las redes sociales, el incordio de los móviles en el aula o la idiotización que puede provocar el abuso de la inteligencia artificial. Hoy he tenido un día relativamente bueno. Podría lamentarme del exceso de horas lectivas que acusamos o de la sarta de tareas pendientes que arrastro durante el curso. Desafortunadamente siempre hay algo por hacer o mejorar cada semana que arranca. Pero, como decía, no protesto por andar "entretenido" o tener que relacionarme con esa marabunta de jóvenes que nunca envejecen mientras nos ayudan a mantener jóvenes el espíritu y el semblante.

 

Hoy no me voy a quedar con el estrés habitual, las subidas y bajadas de aula, los odiosos conflictos o ese nivel educativo y cortesía que parece decrecer (y no solo en los más jóvenes). Hoy me quedo con las disculpas que me ofrece un alumno, con la escucha atenta (durante un tiempo récord de 7 minutos seguidos) de un grupo de estudiantes, o con las buenas preguntas y respuestas de algunos alumnos que se interesan por la materia a pesar de las aplicaciones de juegos online, las redes sociales, las apuestas o las compras digitales accesibles desde sus cautivadores dispositivos. Hoy he podido competir, a pesar de que ya nunca jugamos en casa, con todas esas distracciones que no facilitan dar clase. 

 

Tampoco voy a desmerecer la responsabilidad que muchos alumnos manifiestan a la hora de entregar sus tareas a tiempo y a pesar de las eternas quejas por el trabajo que acumulan (en eso poco ha cambiado el alumnado). El toma y daca en la negociación a la hora de examinar y exigir trabajos individuales o en equipo siguen siendo un clásico cada curso. Aún así, pese a que la IA ya resuelve decentemente cualquier tarea académica, no quita que exijamos más lectura y estudio. Los centros educativos, además de trabajar valores y aprender a convivir, debemos ser ese gimnasio mental que combate la atrofia del pensamiento. Y sí, también nos toca llamar la atención, dialogar o discutir cuando no hacen bien las cosas o el comportamiento es inadecuado. Está en el sueldo. A pesar de que lo fácil es ponerse de perfil o evitar enfrentamientos. 

 

Por todo ello, además de dar clase, debemos ser buenos comerciales para que valoren este gimnasio donde por una módica cuota les facilitamos los medios para tener mayores oportunidades y una vida más rica. Sin duda, cuando en una jornada lectiva atrapamos a nuestros clientes debemos celebrar ese bonus inestimable que acabamos de merecer. Algún premio debía ofrecernos dar clase. 

CALCULAR LO IMPORTANTE EN LA ESCUELA

martes, 20 de enero de 2026

 


 

La medición de todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, o esos KPI y big data que tanto se llevan ahora, creo que nos están tarando más que facilitando la vida. Hemos normalizado en nuestra vida todo tipo de cálculos: cuántas kilocalorías debo comer o qué número de almendras crudas es más saludable, cuántos segundos me cuesta recorrer un kilómetro, cuántos minutos de música escucho al año, cuántos mililitros de agua consumo, cuántos likes y seguidores acumulo, etc. Todo son números para mirarse el ombligo o librarse de uno mismo. Adoramos el número de títulos, las escalas, los bonus, los trienios, los récords...

 

A nivel educativo no andamos a la zaga. También le hemos cogido gusto a esas preciosas rúbricas donde creemos tener todo controlado y ajustado a una tabla de valores que busca calificar a un alumnado que solo quiere saber su nota final. Rellenamos tablas con porcentajes perfectos que siempre validan lo que hacemos cada curso para tener una enmarcable foto finish. O como ahora mismo, que andamos encajando esos resultados de aprendizaje y criterios de evaluación en interminables tablas donde a la fuerza todo encaja de cara a la galería. Y si no lo hace, para eso esta la IA y, en su defecto, el auditor consiguiente que hará uso de ella para saber si todo no se acopla a la perfección. Y vuelta a empezar. 

 

De tanto calcular nos hemos olvidado de innovar con creatividad y cabeza y dar cabida a aquello que consideramos importante en nuestras aulas. Quizás nunca nos hayamos puesto de acuerdo en lo que realmente importa. Unos apuestan por esa disciplina perdida, otros por la paciente tolerancia, algunos por el afecto y la empatía, muchos por la exigencia académica... como si todas ellas fueran incompatibles en esa calculada sociedad donde medimos a los centros en rankings engañosos o premiamos a los docentes según una escala difícil de entender. Para luego, al fin y al cabo, dar clase como buenamente podemos. A pesar de metodologías e investigación educativa que tienen poca concurrencia entre el profesorado. 

 

Antaño solo medíamos quiénes tenían problemas verdaderos, de cualquier tipo, para seguir con normalidad en las clases. Ahora, paradójicamente, la normalidad es contar con un alto porcentaje de estudiantes con ciertos problemas o más bajas médicas del profesorado. Tenemos todo medido pero andamos más liados que nunca. Tal vez no hayamos entendido que lo importante no se puede medir. Que por más tareas que acumulemos no hacemos mejor nuestro trabajo. Que en la educación las operaciones aritméticas no funcionan. Que la mejora de ciertas variables cuantitativas no implica mayor satisfacción personal. 

 

Encima, parece que vayamos por dos vías incomparables, donde están los que acumulan exhaustos horas y minutos de dedicación personal frente a aquellos que se han rendido y solo esperan la campana de una jubilación o prestación con sueldo y sin empleo. Y así deambulamos, con (auto)exigencias varias y tratando de calcular quién hace más o menos en esta agotadora profesión docente. No caben más indicadores para medir el desempeño de las competencias del alumno, y, en breve, el profesorado también acabará enrubricado para justificar su sueldo en base a un trabajo imposible de medir. Solo nos falta ser remunerados en base a una escala de estrellitas: ⭐⭐⭐⭐⭐

 

Cuánto aprenden nuestros estudiantes se solía medir solo, y engañosamente, en base a un examen. Ahora tenemos más instrumentos, pero no debiéramos perder la cabeza en medir decenas de variables que además de subjetivas no son tan relevantes como para que ofusquen nuestras prioridades. Volvamos a lo importante. Retomemos una educación que destaque el conocimiento sobre una ignorancia que los alumnos desconocen. Retomemos el diálogo en el aula para entrenar a unos alumnos, acostumbrados solo a mirar una pantalla a la carta, a escuchar y conversar sin que parezca un reality televisivo. Dejemos esa obsesión por una programación de aula donde simulamos saber qué tarea o actividad debemos llevar a cabo cada hora lectiva.

 

El avance de la IA nos debiera devolver ese tiempo que perdemos en tratar de justificar nuestro trabajo acumulando registros que nadie valora con autenticidad. Apostemos por leer sin aceleramiento ni buscando una síntesis generada con un número límite de palabras. Dejemos los números para encajar magnitudes técnicas imprescindibles en cada sector profesional. Entendámonos en el aula sin las prisas que exige el cumplimiento de un plan imposible. Planifiquemos para que quepa lo fundamental y no para batir estadísticas como si fuéramos una multinacional o una macrogranja. De tanto calcular variables, espero no hayamos olvidado la más importante: convivir. 

 

Foto de Ryoji Iwata en Unsplash

LA NECESIDAD DE PRESTIGIAR CIERTOS EMPLEOS (Y NO SOLO LA FP)

viernes, 16 de enero de 2026

 

prestigiar empleo en fp

 

Batimos récords de alumnado matriculado en Formación Profesional. Tal y como señalan los últimos datos del Ministerio de Educación y FP: "el alumnado de Formación Profesional ha aumentado significativamente en los últimos cinco cursos, un 30,0% en su conjunto. Destacando el incremento de un 39,1% del Grado Superior. El Grado Medio se ha incrementado en un 24,0% y el Grado Básico en un 6,8% en este periodo. Hay que destacar la muy importante subida del régimen a distancia, 144,7%." Es evidente que el desprestigio de esta etapa educativa ha caído y la FP se contempla como una salida interesante para el futuro académico y profesional de sus estudiantes. 

 

Cuestión aparte, que también señalan estos datos a nivel macro para el curso 2023-2024, son aquellas familias profesionales que acumulan la mayor parte del alumnado matriculado en FP: 

 

En Grado Básico, las familias profesionales con mayor peso son: Informática y Comunicaciones (17,3%), Administración y Gestión (15,6%), Electricidad y Electrónica (12,4%), Imagen Personal (9,1%) y Transporte y Mantenimiento de Vehículos (9,0%). Para cinco familias su peso no alcanza el 1,0% y en siete familias no existen ciclos en este nivel.

 

En Grado Medio la familia con mayor peso es Sanidad (26,4%), seguida de Administración y Gestión (12,9%), Informática y Comunicaciones (11,4%), Transporte y Mantenimiento de Vehículos (6,7%) y Electricidad y Electrónica (6,5%). Existen once familias que no alcanzan un peso del 1,0%, y una familia no tiene ciclos en este grado.

 

En Grado Superior las familias con más matriculación corresponden a Sanidad (18,2%), Informática y Comunicaciones (15,5%), Servicios Socioculturales y a la Comunidad (13,0%), Administración y Gestión (12,8%) y Comercio y Marketing (8,3%). Asimismo, existen nueve familias que no alcanzan un peso del 1,0% y para una familia no existen ciclos en este nivel.

 

Luego, según la Estadística de seguimiento educativo y rendimiento académico del alumnado que accede a FP, también podemos observar datos interesantes sobre el porcentaje de alumnado que acceden a otros estudios tras cursar una titulación de FP

 

El 65,2 % de las personas tituladas en Formación Profesional de Grado Básico en el curso 2020-2021 accedió, en los tres años siguientes, a un Ciclo Formativo de Grado Medio. Las mayores tasas de continuidad se registraron en las familias profesionales de Informática y Comunicaciones (71,0 %), Electricidad y Electrónica (70,4 %) y Administración y Gestión (69,1 %). Al tercer año (curso 2023-2024), el 8,9 % de las personas tituladas de Grado Básico accedió a un Ciclo Formativo de Grado Superior. Entre las personas graduadas de 2022-2023, el 60,3 % continuó su formación, casi en su totalidad en ciclos de Grado Medio (59,2 %).

 

En el caso de la FP de Grado Medio, el 51,9 % de las personas tituladas de 2020-2021 inició un Ciclo Formativo de Grado Superior en los tres años siguientes. Las familias con mayores tasas de progresión académica fueron Informática y Comunicaciones (79,3 %), Actividades Físicas y Deportivas (75,4 %), Imagen y Sonido (75,0 %) y Química (72,6 %). Por el contrario, las menores tasas se observaron en Seguridad y Medio Ambiente (31,3 %), Sanidad (32,3 %), Industrias Alimentarias (34,5 %) y Madera, Mueble y Corcho (36,3 %). 


Respecto a las personas tituladas en FP de Grado Superior en 2020-2021, el 23,9 % se matriculó en Educación Universitaria en los tres años posteriores. Por familia profesional, destacan Servicios Socioculturales y a la Comunidad (45,3 %), Actividades Físicas y Deportivas (39,4 %) y,  a cierta distancia, Sanidad (29,9 %). Las familias con menores tasas de acceso universitario fueron Transporte y Mantenimiento de Vehículos (8,3 %), Imagen Personal (8,7 %), Fabricación Mecánica (10,4 %) e Instalación y Mantenimiento (11,3 %). Además, una parte relevante de las personas graduadas de Grado Superior inicia otro ciclo del mismo nivel: el 8,3 % de las tituladas de 2022-2023 se matriculó en 2023-2024 en un nuevo ciclo de Grado Superior, especialmente en Comercio y Marketing (14,0 %), Artes Gráficas (11,8 %) y Hostelería y Turismo (11,0 %). 

 

En definitiva, podemos sacar alguna que otra conclusión sobre una FP que concentra sus titulados en determinadas familias profesionales, muchas de ellas relacionadas con el sector servicios, así como un porcentaje relevante de estudiantes que, en Grado Básico, Medio y Superior deciden continuar sus estudios.

 

También resulta interesante observar las tasas de afiliación de cada familia profesional y que están condicionados por aquellos estudiantes que cursan estudios tras finalizar su titulación:

 

Por familia profesional, en Grado Medio, la inserción laboral presenta diferencias
significativas. Así, en el primer año, los valores más altos para las tasas de afiliación media se observan en Sanidad (46,7%), seguida de Transporte y Mantenimiento de Vehículos (46,3%), Fabricación Mecánica (45,0%) e Instalación y Mantenimiento (40,7%). Destaca el crecimiento en la inserción en los dos años posteriores en Seguridad y Medioambiente, 32,5 puntos porcentuales, hasta situarse en el 64,7% en el tercer año, presentando el cuarto valor más alto por detrás de Transporte y Mantenimiento de Vehículos (70,6%), Fabricación Mecánica (70,1%) e Instalación y Mantenimiento (68,9%). En el extremo inferior en el tercer año se sitúan Artes Gráficas (44,5%), Imagen y Sonido (44,7%) y Textil, Confección y Piel (48,1%).

 

Por familia profesional, la inserción laboral en Grado Superior también presenta diferencias significativas. En el primer año, destacan Informática y Comunicaciones (65,8%), seguida de Fabricación Mecánica (65,5%), Instalación y Mantenimiento (64,6%), y Transporte y Mantenimiento de Vehículos (62,4%), coincidiendo algunas de estas familias con las de mayor inserción también en Grado Medio. Algunas de estas familias se mantienen en el tercer año con las tasas de afiliación media más altas: Informática y Comunicaciones (76,8%), Fabricación Mecánica (74,5%), Instalación y Mantenimiento (74,2%), y Transporte y Mantenimiento de vehículos (72,3%). En el extremo inferior se sitúan Imagen y Sonido (36,3% en el primer año y 54,1% en el tercer año), Seguridad y Medioambiente (44,4% que aumenta hasta el 59,1% en el tercer año), Sanidad (44,4% y 54,9%) y Artes Gráficas (45,9% y 60,9%). También se observa un valor bajo en el tercer año en Marítimo-Pesquera (57,9%). 

 

A pesar de unas tasas de afiliación creciente (mayor empleabilidad de los titulados de FP), no tengo claro que se esté facilitando al mercado laboral la oferta que se precisa. El sector servicios sigue atrayendo a mucho alumnado en detrimento de otras familias profesionales que no parecen persuadir a los más jóvenes: electricistas, fontaneros, albañiles, mecánicos, carpinteros, instaladores, etc. Tal vez ahora corresponda prestigiar este tipo de profesiones que, gracias a su insuficiente oferta de titulados, debiera mejorar sus condiciones laborales. De hecho, no es raro observar técnicos con salarios no demasiado lejanos o superiores a lo que cobra un docente, por poner un ejemplo. A pesar del arrase actual de la inteligencia artificial, es evidente que este tipo de profesionales seguirán teniendo un hueco tanto a nivel industrial como en los hogares. De momento, no hay una IA que repare la caldera, solucione una gotera o cambie un azulejo. Cuestión aparte es el poco encanto que destilan estas profesiones, a pesar de su mayor empleabilidad en comparación con otros sectores profesionales y un abanico de ofertas superior que permite cierta elección personal. Por todo ello, es fundamental eliminar ciertos prejuicios que no existen en países de nuestro entorno. Por no hablar de la brecha de género en alguna de estas familias profesionales donde las mujeres no suponen ni un 5% de los estudiantes matriculados. 

 

Además, probablemente, el boom de la oferta universitaria parece haber facilitado la consideración de la FP como una pasarela de acceso a este otro tipo de estudios superiores. Un boom que se retroalimenta con una creciente oferta privada de grados superiores donde son muchos los estudiantes que prefieren continuar sus estudios en lugar de trabajar en su sector. Sinceramente, no creo que debamos limitar las posibilidades de los estudiantes, pero tal vez sí podríamos vender mejor y prestigiar esos oficios tan necesarios que además facilitan el crecimiento económico y nuestra actividad diaria. Afortunadamente, por poner un ejemplo, hay mucha demanda de titulados en Cuidados Auxiliares de Enfermería; una profesión exigente y no muy bien pagada que, a pesar de todo, tiene una alta matrícula de estudiantes para asumir unos puestos de trabajo imprescindibles en nuestra sociedad. La vocación, las posibilidades de empleo público, el boca-oreja o la estabilidad son factores que facilitan la demanda de titulaciones como esta. Quizás, falte cierto estímulo y una labor comunicativa más intensa para atraer estudiantes hacia esas otras ocupaciones que ahora no encuentran candidatos suficientes. 

 

Cuestión aparte es la falta de flexibilidad en la oferta de titulaciones por distintos problemas: carencia de perfiles docentes específicos, escasa inversión en recursos materiales, normativa estricta y rígida, etc. Arrastramos, pese a la novedosa ley de FP, muchas inercias en los centros o hemos generado taifas difíciles de desmontar que no facilitan una necesaria actualización de la oferta. Se ha pregonado mucho en favor de la salida de la zona de confort, pero, en relación a la oferta formativa o los currículos de FP, parece que andamos con más de lo mismo desde hace demasiados años. Incluso ahora, deambulamos algo perdidos tratando de justificar resultados de aprendizaje como si nada más importara por miedo a perder algún tren. Ojalá volvamos a un confort bien entendido. 

 

Por ser positivos, si hemos logrado un mayor reconocimiento de la FP gracias al trabajo demostrado ya en el siglo pasado por muchos centros educativos que decidieron apostar por esta etapa; y gracias también al apoyo inversor de la administración pública; debe ser posible ahora prestigiar ciertas profesiones donde el trabajo de los técnicos y técnicas a nivel económico y social es fundamental, además de ofrecer una buena calidad de vida a las personas que así lo deciden. 


 

Foto de Benjamin Thomas en Unsplash

CLASES Y CLASES DE FORMACIÓN PROFESIONAL

sábado, 10 de enero de 2026

 


 

Podemos leer muchos manuales o asistir a formaciones sobre metodologías, gestión de aula y conflictos, innovación educativa u otro sucedáneos, pero, en demasiadas ocasiones se nos desmonta el chiringuito cuando te encuentras con una clase donde la diversidad te apabulla o el comportamiento no es el ideal para dar clase convenientemente. La experiencia ayuda a manejar situaciones, así como grandes dosis de paciencia que logran no agriar tu carácter o precipitar una subida de la tensión arterial. 

 

Las conversaciones sobre la necesidad de disciplina o un régimen sancionador más estricto creo que no son nada nuevo en este siglo o en el pasado. La inquietud o el nerviosismo de la juventud no tiene cura. Más todavía en una sociedad acostumbrada a no relajarse y a consumir contenidos y productos sin cesar. La dichosa dopamina. Probablemente en el futuro será una anomalía mantener a los estudiantes tantas horas seguidas cara a una pizarra (digital o tradicional). O quizás el efecto rebote ante la ingente generación de contenidos vía inteligencia artificial nos devuelva a tiempos donde el silencio y el estudio analógico eran la norma. Sin embargo, dudo de nuestra capacidad para ese sosiego, más allá de para un grupo selecto apto para la concentración y vacunado de la inanidad de las redes. 

 

Quizás no hayamos todos pasado de frenada abrazando una educación permisiva. Para bien y para mal. Las familias, base de los valores de las personas, también patinan independientemente de los recursos que tengan. Y así se van sumando factores que hacen más difícil una profesión que siempre ha sido compleja donde las dificultades se redoblan cuando no sabes qué hacer en una clase para mantener ese clima facilitador del aprendizaje y mantener la motivación propia y ajena. No obstante, también hay clases donde te encuentras estudiantes que te escuchan y agradecen tu empeño, a pesar de que nos solemos quedar con esos cuatro más intensos que estresan la enseñanza y alteran una cotidianidad utópica. Desde luego, mucho mérito (y un sueldo doble) tienen todos esos y esas docentes de Formación Profesional Básica o algunos Grados Medios que tienen una realidad complicada. 

 

Mientras tanto, a los docentes no nos queda otra que capear el temporal y tratar esa diversidad alborotada con la mejor fórmula de siempre: la empatía. Recordar cómo fuimos en aquellos maravillosos años, a menudo olvidados o idealizados, siendo sabedores que cada curso viene con nuevos sobresaltos a pesar de nuestras buenas intenciones iniciales. Desde luego, a pesar de esas clases donde parece que se conjugan las peores circunstancias, vale la pena seguir apostando por unos jóvenes que más tarde que pronto caerán del árbol y se convertirán en buenos profesionales y personas gracias también a nuestra reducida influencia.  

 

Foto de Giuseppe Argenziano en Unsplash

DOS PROPÓSITOS PARA LA FP

sábado, 3 de enero de 2026

 


 

 

Corren tiempos extraños. Vivimos en una paradoja constante tanto a nivel educativo como social. La tecnología y las nuevas metodologías, ahora impuestas por real decreto, debieran impulsarnos hacia una mejor Formación Profesional; pero a su vez se oyen cada vez más voces que desaprueban la obligatoriedad de unos métodos que antes eran solo cosa de algunas regiones, centros puntuales o docentes motivados. Vende ahora más la vuelta atrás a un mundo que ya no existe y que algunos imaginan como una suerte de paraíso perdido. Transitamos marcha atrás desde formaciones docentes que prometían bondades sin posibilidad de objeción de conciencia y mucha vergüenza ajena, a otro sistema donde la soberbia y la pedantería se confunden con la cultura y las ganas de hacer las cosas bien. 

 

Coincido con Pablo Peñalver en su análisis de las dificultades que arrastra la FP: falta de decisión y de diseño sistémico. En lugar de transformar hemos agudizado ciertas carencias que en la FP sobrellevábamos: trabajo en equipo de los docentes, actualización técnica (y tecnológica), motivación y comportamiento del alumnado... y ese multitasking que ya hace tiempo se demostró ineficaz. Y no, no hace falta caer en la dóciles manos del mindfulness, sino quizás valdría la pena que nos centráramos en lo que realmente importa y gestionar de otro modo esa programación diaria que nos abruma con demasiadas tareas que no son importantes para nuestra profesión. Pero no. Seguiremos un año más poniendo parches sin dar la vuelta a un sistema que nos agota y nos alienta a poner la mirada en cuántos años nos quedan para jubilarnos. 

 

Y ahí seguimos con las paradojas. Centros educativos con patios de cemento y un gotelé preconstitucional junto a otros centros donde la realidad virtual y aumentada ayudan a transitar hacia un mejor futuro profesional. Queremos ser sostenibles mientras la impresión de exámenes vuelve a las andadas en busca de resultados de aprendizaje no mediatizados por una inteligencia artificial que nos adoctrina mientras consume energía a espuertas. Más alumnado matriculado en FP que en la historia pero no demasiada inversión en determinados ciclos o inequidad entre centros y comunidades autónomas. Abundantes iniciativas y premios a la innovación pero poca gestión novedosa que reorganice y replantee procesos obsoletos y onerosos. 

 

Comenzamos el año, y este artículo que pretendía contar dos deseos para sus majestades de Oriente, ha desembocado en una suerte de soflama autoterapéutica. Aún así, mis deseos, o más bien mis propósitos personales para este nuevo año son las siguientes:

 

1. Más tiempo para lo que realmente importa. Quitando las prioridades del ámbito personal y familiar, espero poder dedicar más tiempo a los alumnos por encima de esas otras tareas que poco aportan. Aprender a simular o camuflar ese tiempo que nos roban esas programaciones ficticias o esos certificados para aparentar ante propios y extraños. Nuestra apreciada IA debería librarnos de esas faenas insustanciales, antes de que lleguen esos humanoides que prometen quitar el polvo de la casa, y no solo llevarnos a la mendicidad cognitiva. 

 

2. Lecturas. Además de despotricar de lo que nos quitan las pantallas y de la estulticia que ha contagiado a todos los públicos, hay que poner medios para esa desconexión digital que nunca llega. Competir con las redes o dejar de escrolear se ha vuelto misión imposible. Por todo ello, me prometo más dedicación a esas novelas, cómics o ensayos que aportan algo más que un vocabulario nuevo o entretenimiento. Sin duda, descubrir y amar la lectura seguirá siendo la asignatura pendiente de una educación que decidió tomar otras rutas más vistosas.

 

En fin, espero que vuestros deseos también se cumplan, coincidan o no con los míos. Aún así, estoy convencido de que, pese a la complejidad, embrollo y desnortamiento actual, la gran mayoría seguimos apostando por una Formación Profesional que suponga una etapa educativa vital para transformar las vidas de nuestros jóvenes. Démosles razones para seguir creciendo a nivel personal y profesional en un mundo que parece no ofrecer certezas ni referentes caracterizados por su humanidad y amor por la cultura. 

 

Foto de Yaniv Knobel en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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