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CÓMO EVALUAR COMPETENCIAS TRANSVERSALES Y PARA LA EMPLEABILIDAD EN FP

martes, 14 de julio de 2026
 
competencias empleabilidad FP Transversales

 
La complejidad e inabarcabilidad de las programaciones de los módulo profesionales con el nuevo sistema de Formación Profesional, nos ha llevado a algún que otro renuncio, equívoco o desespero por tratar de cumplir las exigencias de la normativa en cuanto a una evaluación competencial donde los resultados de aprendizaje son la base de todo, mientras tratamos de dar sentido a todos esas unidades formativas que llevamos años trabajando. Hasta hora todo era relativamente sencillo, cuando los instrumentos de evaluación se reducían básicamente a una serie de exámenes, actividades y algunas prácticas de carácter más técnico donde la actitud se valoraba a ojo o a través de ciertos indicadores que suponían un porcentaje de esa calificación necesaria cada trimestre.


Ahora, la norma y el espíritu de la misma, nos orientan hacia una evaluación formativa donde deberíamos contemplar una evaluación inicial, así como una diversidad de instrumentos de evaluación que nos ayuden a medir el desempeño profesional que nos indican los resultados de aprendizaje y sus respectivos criterios de evaluación. La actitud o esos valores que son imprescindibles para todo buen profesional ya no caben como una parte más de la nota final del módulo. En tiempos de inteligencia artificial, donde es sencillo resolver tareas técnicas o académicas, las empresas demandan cada vez más competencias transversales como la autonomía, cooperación, comunicación, trabajo en equipo y capacidad de adaptación. 
 
 
El reciente informe  "OECD Employment Outlook 2026" señala que las competencias no cognitivas y las prácticas de trabajo tienen un papel importante en los resultados laborales. En concreto, indica que mayores niveles de autonomía en la tarea y de cooperación en el trabajo se asocian con salarios más altos, lo que refleja la creciente importancia de las prácticas de trabajo centradas en las personas. Incluso afirma que la formación en trabajo en equipo, liderazgo y gestión de proyectos se asocia con mayores salarios. También dice que las competencias cognitivas y no cognitivas son complementarias: no basta con saber técnicamente, sino que el valor de esas capacidades aumenta cuando el trabajador tiene autonomía y trabaja en entornos cooperativos.

Los currículos oficiales anteriores al Real Decreto 659/2023 hablan de de «competencias profesionales, personales y sociales» en lugar de para la empleabilidad. En cualquier caso, ahora deberíamos extraer esas competencias no cognitivas para la empleabilidad, y a nivel de ciclo, con el fin de trabajarlas de forma coordinada y consensuada por el equipo docente tanto a nivel modular como intermodular; y teniendo en cuenta especialmente el módulo Itinerario Personal para la Empleabilidad (IPE) I y II y el Proyecto Intermodular para su desarrollo en el aula. Aún así, si queremos trabajar estas competencias para la empleabilidad a nivel de centro sería de interés señalar conjuntamente aquellas que consideramos comunes en nuestra familia profesional o aquellas que suelen encajar en el perfil profesional del ciclo formativo.


En la siguiente propuesta, a través de cinco competencias clave (PACTO) buscaremos mejorar ciertos comportamientos profesionales y personales que ayudan al alumnado a trabajar mejor, convivir en un entorno laboral, adaptarse a distintas situaciones y demostrar responsabilidad en las tareas. Estas competencias se trabajarían dentro de las actividades, proyectos, retos, prácticas o situaciones de aprendizaje vinculadas a los resultados de aprendizaje de cada módulo. No deben sustituir la evaluación técnica del módulo, sino que deben ayudarnos a valorar cómo realiza el alumnado la tarea: cómo participa, se organiza, se comunica, colabora y mantiene una actitud profesional adecuada. Podríamos, para no complicar nuestra evaluación, incluir estas competencias en alguna tarea, proyecto o reto vinculada a los distintos resultados de aprendizaje (RA) para así darle la importancia que estas requieren y que así afecten a la calificación del RA implicado.

Con el acrónimo PACTO remarcaremos la importancia de las siguientes competencias:


P - Participación y compromiso

El alumnado participa de forma activa y responsable en las tareas propuestas. Se observa si llega y se incorpora a tiempo, atiende las indicaciones, se implica en la actividad, mantiene una actitud de trabajo y cumple con las fases o tareas previstas. También se valora que aproveche el tiempo de clase y que muestre interés por mejorar.


A - Autonomía y responsabilidad

El alumnado organiza su trabajo y avanza con responsabilidad. Se observa si entiende lo que debe hacer, planifica los pasos de la tarea, utiliza los recursos disponibles, pide ayuda cuando la necesita y entrega el trabajo en el plazo establecido. También se valora el uso responsable de dispositivos, materiales y herramientas.


C - Comunicación profesional

El alumnado se comunica de forma clara, respetuosa y adecuada al contexto profesional. Se observa si expresa sus ideas con orden, escucha a los demás, formula preguntas adecuadas y utiliza un lenguaje verbal y no verbal correcto. También se valora el cuidado de la ortografía, el tono, la presentación de documentos y la imagen profesional en exposiciones, mensajes o simulaciones.


T - Trabajo en equipo e iniciativa

El alumnado colabora con otras personas y aporta al resultado común. Se observa si cumple su parte del trabajo, respeta los acuerdos del grupo y a sus compañeros, ayuda cuando es necesario, aporta ideas o soluciones y puede explicar cuál ha sido su contribución individual. También se valora que asuma responsabilidades y participe en la mejora del trabajo colectivo.


O - Orden, cortesía y conducta profesional

El alumnado mantiene una conducta adecuada en el aula, taller, empresa o entorno de trabajo. Se observa si respeta las normas, cuida los materiales, mantiene el espacio ordenado, utiliza un tono adecuado y trata a las demás personas con educación. También se valora que contribuya a un clima de trabajo positivo y seguro.


En las actividades o tareas que consideramos aplicar PACTO no solo se valora si saben hacer la tarea, sino también cómo la realizan. La puntuación podrá suponer hasta un 25% de la calificación de la tarea si tomamos los cinco ítems. Cada ítem logrado sumaría 0,5 puntos en tareas calificadas sobre 10, mientras que los ítems no procedentes no penalizarían. Es importante señalar que con la puntuación PACTO no se debe compensar la no superación del desempeño técnico mínimo asociado al resultado de aprendizaje de la tarea evaluada.
 
De este modo, y si nos atenemos a la legislación vigente en Formación Profesional, podemos aplicar este sistema de PACTO o cualquier otro similar que se apoye en la importancia de las competencias transversales necesarias para la inserción, permanencia y progresión en el empleo que incentiva el nuevo sistema de FP; que respete una evaluación que toma como referencia los resultados de aprendizaje y los criterios de evaluación donde estas competencias se integran en tareas, proyectos, retos o actividades relacionados con los RA y CE del módulo; y que se enmarca dentro de la autonomía pedagógica de los centros para acordar herramientas compartidas siempre que estén recogidas en la programación, sean conocidas por el alumnado y se basen en evidencias objetivas.

Por todo ello, y recalcando el último punto, tanto por cuestiones normativas como pedagógicas es deseable explicar el significado de cada una de las competencias aplicables a cada tarea para que saber qué se espera de él antes de ser evaluado. Por coherencia pedagógica no se puede calificar una competencia que no se ha enseñado, practicado o modelado previamente. Por tanto, además de describir adecuadamente cada ítem o competencia, es necesario que el profesorado se plantee su desarrollo en el aula. Por ejemplo, podríamos seguir la siguiente secuencia:

1. Presentamos el ítem PACTO que se va a trabajar y qué significa.
2. Mostramos ejemplos de conducta adecuada y no adecuada.
3. Proponemos una actividad breve para ensayarlo.
4. Damos feedback: correcciones durante el proceso, antes de calificar.
6. Revisamos: comunicamos al alumnado qué debe mantener y qué debe mejorar.

Quizás, la parte más compleja de este tipo de evaluación competencial se produce a la hora de buscar esas evidencias objetivas que nos permitan de forma sencilla valorar al alumnado a nivel individual (sobre todo en los trabajos en equipo). Para una valoración más justa podemos combinar dos o tres evidencias como las que a continuación señalamos para determinar cada competencia como lograda o no lograda:
 
  • Participación: registro de avance, intervenciones, cumplimiento de fases. Autonomía: planificación, entrega parcial, observación del trabajo en aula. 
  • Comunicación: exposición oral, documento escrito, respuesta a preguntas durante la exposición o defensa. 
  • Trabajo en equipo: observación docente, acta de reparto de roles, aportación individual.
  • Orden y conducta profesional: observación directa, ausencia/presencia de incidencias, cuidado del material.

Esta propuesta de evaluación de competencias para la empleabilidad se puede desarrollar muy bien tanto en los proyectos intermodulares donde tenemos más evidencias, como en aquellas tareas o retos colaborativos donde la autonomía, la comunicación, el trabajo en equipo o las conductas profesionales se pueden observar más fácilmente por parte del profesorado. Como comentábamos anteriormente, será necesario incluir en la programación este tipo de evaluación de forma clara para que el alumnado entienda la importancia de estas competencias y su repercusión en la calificación:

Aplicación de PACTO en retos y proyectos

En los retos, proyectos o tareas prácticas del módulo se podrá aplicar la herramienta PACTO para valorar competencias comunes de empleabilidad. Estas competencias reflejan comportamientos profesionales importantes en cualquier entorno de trabajo.

PACTO significa:

P: Participación y compromiso. 
A: Autonomía y responsabilidad 
C: Comunicación profesional. 
T: Trabajo en equipo e iniciativa. 
O: Orden, cortesía y conducta profesional.

Cuando se aplique PACTO, el profesorado indicará antes de comenzar el reto o proyecto qué ítems se van a valorar y qué evidencias se tendrán en cuenta. No siempre se evaluarán los cinco ítems, solo aquellos que tengan relación con la actividad.

La calificación principal del reto o proyecto corresponderá al desempeño técnico vinculado a los resultados de aprendizaje y criterios de evaluación del módulo. PACTO podrá suponer hasta 2,5 puntos sobre 10, siempre dentro de la calificación de la tarea.

Ejemplo de reparto:

7,5 puntos: desempeño técnico del reto o proyecto. 
2,5 puntos: competencias PACTO.

La puntuación PACTO se obtendrá mediante evidencias observables, como la participación, la organización del trabajo, las entregas parciales, la comunicación, la aportación individual al equipo, el uso adecuado de materiales o herramientas y la conducta profesional durante la actividad.

PACTO no sirve para aprobar un reto o proyecto si no se alcanza el mínimo técnico exigido. Es decir, una buena actitud profesional no compensa la falta de logro del resultado de aprendizaje.

Si se produce un incumplimiento grave relacionado con PACTO, como una falta de respeto, abandono de la tarea, copia, manipulación de evidencias, uso inadecuado grave de dispositivos, conducta que impida trabajar al grupo o incumplimiento de normas de seguridad, el alumnado podrá perder la puntuación total de PACTO de esa tarea. Además, si procede, se aplicarán las normas de convivencia del centro.

El objetivo de PACTO es ayudar al alumnado a mejorar su forma de trabajar y prepararse para actuar de manera responsable, autónoma, colaborativa y profesional en el mundo laboral.

CONSEJOS PARA LA GESTIÓN PROFESIONAL DEL E-MAIL

miércoles, 22 de enero de 2025

 


 

A nivel profesional el buzón de entrada del correo electrónico requiere una gestión óptima. Por mucha inteligencia artificial generativa que dispongamos al final es la voluntad de querer hacer bien las cosas lo que marca la diferencia. La IA facilita la respuesta a los correos, sugiriendo respuestas o resumiendo un correo recibido o buscando información en correos anteriores (Google ofrece estas opciones en Gmail con los planes de pago). Sin embargo, profesionalmente, en cuanto te diriges a un posible proveedor o cliente, es fácil encontrar correos sin respuesta ante una solicitud de información o una dejadez en la contestación requerida. 

 

Me parece importante, de cara al futuro laboral de nuestros estudiantes de FP, que consideren la conveniencia tanto de responder correctamente a un e-mail como hacerlo en el momento oportuno. En un artículo anterior enumeraba en una infografía algunos consejos sobre cómo enviar un correo electrónico a un profesor o alumno. Ahora, me interesa también que los estudiantes tengan en cuenta que este tipo de comunicaciones pueden ser muy relevantes para la imagen de una empresa y, en consecuencia, para ganar o mantener clientes. Personalmente, desestimo aquellas empresas que no se dignan a dar una respuesta o que lo hacen pasados varios días. 


Nosotros, como docentes, cada vez hacemos más uso del correo como una herramienta de comunicación con el resto del claustro o con las familias. La implantación de plataformas educativas o LMS (Learning Management System) ha reducido el número de comunicaciones directas a través del e-mail. Aunque, si los estudios son presenciales, también conviene educar en el no abuso de las correspondencia electrónica cuando sea posible el trato personal directo. Afortunadamente, la gestión del buzón de entrada es más sencilla y podemos enviar avisos personales o generales a través de estas plataformas (Moodle, Classroom, Teams, etc.). Sin embargo, a nivel profesional nuestro alumnado precisa tener en cuenta tanto la netiqueta en la redacción de correos electrónicos como la gestión eficiente y eficaz a la que antes me refería. 

 

Es fácil cometer errores con la gestión de correos electrónicos, más aún cuando el spam es una práctica habitual que todos sufrimos. Perder algún mensaje u olvidar dar respuesta a alguno recibido no quita que ofrezcamos disculpas o tratemos de solventar el malentendido. La IA seguro que nos ofrece fórmulas para responder cortésmente, pero no está de más personalizar y dar un carácter propio a las comunicaciones. Un exceso de asepsia digital puede ser contraproducente. En los tiempos que corren, la correspondencia suele ceñirse a unas pocas líneas donde nos piden ir al grano; a pesar de que se agradecen los mensajes personales redactados con atención y afecto, sin importar la extensión. ¡Qué tesoro recibir hoy día una carta por correo postal!

 

Espero resulte útil la siguiente infografía al respecto:

 

CONSEJOS EMAIL PROFESIONAL

 

EL (SIN)SENTIDO DE LAS COMPETENCIAS DIGITALES DOCENTES

lunes, 13 de enero de 2025

 

COMPETENCIAS DIGITALES DOCENTES

 

Ser competente digitalmente puede tener distintos significados según a quién preguntemos o según quién sea el sujeto al que deseamos medir. Sin embargo, podríamos coincidir en la definición propuesta hace casi veinte años por el Parlamento Europeo y el Consejo (2006)

 La competencia digital entraña el uso seguro y crítico de las tecnologías de la sociedad de la información (TSI) para el trabajo, el ocio y la comunicación. Se sustenta en las competencias básicas en materia de TIC: el uso de ordenadores para obtener, evaluar, almacenar, producir, presentar e intercambiar información, y comunicarse y participar en redes de colaboración a través de Internet.

En aquellos momento no teníamos a la Inteligencia Artificial mareando, pero ya estaba clara la importancia de la digitalización tanto para el mundo del trabajo como a nivel personal y social. Aunque en 2018 se planteó una nueva definición más compleja:

La competencia digital implica el uso seguro, crítico y responsable de las tecnologías digitales para el aprendizaje, en el trabajo y para la participación en la sociedad, así como la interacción con estas. Incluye la alfabetización en información y datos, la comunicación y la colaboración, la alfabetización mediática, la creación de contenidos digitales (incluida la programación), la seguridad (incluido el bienestar digital y las competencias relacionadas con la ciberseguridad), asuntos relacionados con la propiedad intelectual, la resolución de problemas y el pensamiento crítico.

Aquí ya aparecía el manido "pensamiento crítico" y esa seguridad que ahora tanto nos preocupa en las sociedades democráticas tanto por razones políticas, sociales como económicas. Asimismo, con la puesta en marcha del Marco Europeo de Competencia Digital para la Ciudadanía (DigComp) que publica una primera versión en 2013, arranca una carrera cualificadora que dispone de un último marco publicado en 2022. Todo un trabajo que ha tenido como objetivo principal ayudar a los ciudadanos a involucrarse con confianza, capacidad crítica y seguridad con las tecnologías digitales, ya sean nuevas o emergentes. 

 

El DigComp nos ha ayudado a resaltar la importancia que tiene esa competencia, sea como ciudadanos, trabajadores, docentes o estudiantes. En estos momentos, la crítica (siempre necesaria) hacia las tecnologías digitales parece se extiende en forma de prohibiciones y a través de un conflicto que ya no es solo intergeneracional sino que parece solo cosa de tecnófobos y tecnófilos. Sin duda, parecemos haber perdido el oremus y las competencias digitales han pasado a ser un nuevo requisito que certifica un dudoso nivel que va desde un A1 a un C2 según quien sea la entidad certificadora. Todo sea por no perder unos fondos públicos que no siempre se emplean con juicio.

 

Resumiendo, y perdonad la extensa introducción, el popular DigComp nos ha permitido poner nombre a las necesidades que como profesionales y ciudadanos tenemos a nivel digital. Sin embargo, a nivel educativo, seguimos empeñados en aprender a manejar la última herramienta digital del momento en lugar de adaptar nuestra enseñanza en colaboración con la tecnología. Nos ofuscamos con los fuegos de artificio que la digitalización ofrece o nos contentamos con ese nuevo título que pretende medir con un simple test lo competente que soy.  ¿Dónde queda la mejora de mi docencia?, ¿o el deseo por aprender y adquirir conocimientos valiosos?

 

Como ocurre con todo aquello que la normativa exige, y que es visto como un requisito o impulso profesional, acabamos aburridos y desengañados de un sistema de certificaciones para la galería que nos ocupan demasiado tiempo. No sé si las certificaciones de la competencia digital docente terminarán siendo una oportunidad perdida, pero no resulta probable que hayamos escarmentado con esas fiebres certificadoras que no nos hacen mejores docentes cuando solo buscamos el dichoso título de turno. Al igual que con los estudiantes, si no ofrecemos motivos para el aprendizaje y esa formación continua, o si no alimentamos la curiosidad de los futuros digitalmente autentificados, la tarea certificadora se convierte en un fiasco. 

 

No perdamos el juicio en estos asuntos y centremos de nuevo la capacitación de los profesionales en aquellos aspectos que ofrecen un valor añadido a su sector laboral o a su desarrollo personal. Dejemos de hacernos trampas al solitario y apostemos por una digitalización enfocada en los intereses de cada sector, de cada etapa educativa o de cada entorno. La solución no pasa por prohibir dispositivos cuando no sabemos cómo aprovecharlos para el aprendizaje y la adquisición de unas competencias que pueden marcar el futuro laboral de las personas. Orientemos nuestra formación y la enseñanza hacia ese maremágnum de conocimiento y oportunidades que nos ofrece la tecnología; con destino a una digitalización que requiere mucha lectura e interés previos. 


Foto de Colby Winfield en Unsplash

EXIGIR PROFESIONALIDAD

lunes, 4 de noviembre de 2024

 

PROFESIONALIDAD Y LIDERAZGO

 

Más allá de las ideologías de cada uno, entiendo que una gran mayoría estamos de acuerdo en que la profesionalidad es una característica deseada cuando solicitamos un servicio. No importa que sea un servicio de hostelería, una cura de enfermería, la reparación de un vehículo o la instalación de un electrodoméstico. Es clave aclarar la definición que la RAE hace del término profesionalidad: Cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con capacidad y aplicación relevantes. Y me atrevo a subrayar lo de relevante como el adjetivo que incide en el conocimiento y en un saber hacer excelente. Justo lo contrario de lo que implica la mediocridad con la que nos topamos con demasiada frecuencia.


Si nos reparan a destiempo un calzado no entramos en cólera, a lo sumo nos irritamos de un modo pasajero. Si me sirven la comida fría me disgusto con el camarero y puede que no vuelva más a ese establcimiento. Si no me instalan adecuadamente la fibra óptica en casa resoplamos y comenzamos a abrir incidencias con el servicio de atención al cliente. Si la profesora de mi hijo no atiende a mis correos me mosqueo con ella y protesto ante la dirección del centro educativo. Si reparan mal mi vehículo y puedo ocasionar un accidente, el cabreo ya es mayor y comienzan las reclamaciones formales. Si no me escucha la doctora en la consulta salgo disgustado; y no te digo si además yerra el diagnóstico. Llegan los pleitos.


Somos muy exigentes con los servicios que nos prestan. Más aún si hay un pago de los mismos tras ser suministrados. Todos demandamos puntualidad, exactitud, buenos modales y ese buen hacer que suele venir de la mano de la experiencia y los conocimientos técnicos de los profesionales que nos asisten. No es raro que te pregunten: ¿Conoces un buen pintor?, ¿o un profesor particular?, ¿o una dentista?, ¿o una psicóloga?, ¿un taller recomendable? Pedimos consejo de alguien que haya contrastado la profesionalidad de esa persona en su sector; esté más o menos saturado en cuanto a su oferta. 

 

Por todo ello, cuando nuestros estudiantes de FP protestan ante las exigencias del docente,  ya sea por la puntualidad, la minuciosidad, la estética de sus tareas, los modales que manifiesta o los conocimientos demostrados, debemos hacerles ver esa necesidad de profesionalidad como un valor que los diferenciará del montón de supuestos profesionales que destacan por la dejadez o la ineptitud a la hora de prestar un servicio. Ahora, con un mercado laboral menos tensionado, podemos caer en la tentación de no ser exigentes ante una mayor facilidad a la hora de encontrar trabajo o la supuesta habilidad de algunos de convertirse en millonario sin demasiadas complicaciones. Craso error que pagamos todos. 

 

Si antes me detenía en esos empleos de carácter técnico, donde la importancia de un trabajo mal efectuado tiene una importancia relativa, imagina qué ocurre con esos otros puestos de trabajo que tienen mayores responsabilidades. La exigencia sobre aquellos que nos gobiernan o nos dirigen, en las empresas o desde los organismos públicos, debiera ser aún superior. Reclamar que tengan profesionalidad, que sean sobresalientes en sus capacidades y en la aplicación de las mismas en su trabajo, parece estar en desuso desde hace demasiados años. No es un mal de la juventud actual. Cualquiera puede liderar o conducir una entidad si tiene buenos padrinos o es capaz de vender hielo a los esquimales. Incluso la fotogenia, el estilo personal, la habilidad para medrar, la ambición o la juventud pueden ser los factores más valorados en ciertos puestos de responsabilidad. Si tienes cierta edad eres un cascado o si no tienes colegas influyentes olvídate de promocionar.

 

Ahora, con la que está cayendo en una situación catastrófica en Valencia, recordamos la importancia de esa profesionalidad de quienes dirigen los asuntos más esenciales de nuestras vidas: la seguridad, la salud, la educación o el empleo. Todos queremos estar gobernados por personas que trabajen con esmero y con la profesionalidad que merecen sus cargos. Hemos caído en la insustancialidad, en la fachada, en las etiquetas, en la calidad mal entendida y en los procesos que solo acreditan títulos y certificaciones hechos para cumplir ante el público. ¿Dónde queda esa profesionalidad exigible a cualquier técnico, asalariado, empleador, funcionario o dirigente? Con las buenas intenciones se puede subsistir, y, desde la autoexigencia, debemos reclamar esa competencia a la que aspiramos y que, sin duda alguna, es posible de la mano de los muchos profesionales que no solo ofrecen ganas sino altas capacidades para desempeñar unas responsabilidades de las que otros dependemos. 

 

Como leía recientemente en un artículo de prensa, los nuevo líderes provienen de personas con un perfil alejado del ansia de poder; sin ego, adaptables, que saben hacer bien su trabajo y contribuyen a sus equipos. Personas que han demostrado sus logros en otros lugares y que probablemente dejarán su huella de profesionalidad allí donde recalen. Una aspiración que resulta trasladable a los técnicos, cargos intermedios o directivos que ofrecen sus habilidades no solo a cambio de un salario o de un prestigio, sino también en aras de un bien común. 


Foto de MIGUEL GASCOJ en Unsplash

LA COMPETENCIA INFORMACIONAL DEL ALUMNADO DE FP

jueves, 19 de septiembre de 2024

 


 

 

Como comentaba en un anterior artículo, sobre la oportunidad que puede suponer el módulo del proyecto intermodular, me parece vital trabajar en el aula las competencias informacionales: con el fin, como señala Azahara Cuesta, de identificar, localizar, evaluar, organizar, comunicar y emplear la información de manera efectiva, tanto para la resolución de problemas como para el aprendizaje a lo largo de la vida; más allá de las habilidades para utilizar las TIC en el proceso de búsqueda y de comunicación de la información; teniendo en cuenta el desarrollo de actitudes éticas en la cadena informacional y la capacidad de examinar y comprender las fuentes documentales. No es poca cosa.

 

Incluso ahora, en un momento en que cualquier tipo de dato oficial y verídico se discute o rechaza, es importante que el alumnado base sus opiniones en información contrastada y proveniente de fuentes de información de calidad y confianza. Los famosos factos, o aquellos datos fundamentados en estudios o en la evidencia científica, deben formar parte de su cultura informacional tanto a la hora de emitir opiniones como para tomar decisiones de índole académica y profesional. Algo que no anda reñido con cuestionar la realidad y buscar certezas.


Ofrecer estos datos, trabajarlos con ellos y debatir al respecto de los mismos sin caer en la tertulia de bar, es de interés para ese alumnado que queremos que adquiera la capacidad crítica que tanto se demanda en multitud de foros pero que parece disolverse a la hora de cultivarla. ¿Qué actividades proponemos para elevar este pensamiento crítico? Evidentemente, no se trata de adoctrinar ni hacer comulgar a los estudiantes en nuestras propias suposiciones o ideologías, sino más bien que se pregunten el por qué de las cosas y que no hablen sin conocimiento de causa. Es habitual escuchar comentarios basados en falacias, datos anecdóticos o simples creencias arrastradas por lo que se difunde en las redes sociales o en las conversaciones domésticas. 

 

Para estos casos, además de seleccionar buenas fuentes de información que ayudan a sostener opiniones o teorías, más allá de nuestros gustos o tendencias, podemos también hacer uso de la inteligencia artificial como medio de contraste. Un estudio reciente parece indicar que la teorías conspirativas de las personas pueden ser contrarrestadas a través de chatbots de IA que refutan los argumentos con evidencias. Tal vez la IA generativa puede resultarnos útil para desmontar fakes, sesgos o la conspiranoia que tan fácilmente se contagia. Un ejemplo personal para un negacionista del cambio climático realizado con Gemini: https://g.co/gemini/share/3eeafc4e643e 

 

En cualquier caso, podemos acudir a las fuentes originales (que también puede suministrar la IA) que conocemos como docentes y debatir con lecturas, vídeos o podcasts con información relevante y de calidad contrastada. Todo sea por seguir formando a esos jóvenes que, como consecuencia de la edad, suelen ser escépticos con los medios oficiales o presa fácil de influencers que solo influyen en búsqueda de la monetización de clics. Los medios de comunicación tradicionales, con los informativos en televisión, la radio o la prensa escrita, no son tampoco compañía habitual de los más jóvenes. Parece que incluso la actualidad ha dejado de tener interés en favor del entretenimiento continuo de las redes sociales u otras ocupaciones menos informativas. En esta arena tenemos la oportunidad de dar la batalla contra el desconocimiento. Las actividades culturales, el acercamiento a cualquier tipo de expresión artística, son también posibilidades que podemos contemplar en las aulas de FP como un medio de acrecentar esas otras competencias que conforman nuestra personalidad.


Más lecturas, buenas fuentes seleccionadas, prensa, artículos; plantear con frecuencia debates y conversaciones con el alumnado, junto una gran dosis de paciencia para dialogar; son necesarios para provocar la reflexión y combatir todos esos prejuicios u opiniones sin fundamento que arrastra no solo la juventud actual.


Foto de Egor Vikhrev en Unsplash

INCOMPETENCIA DIGITAL ESCOLAR

martes, 14 de noviembre de 2023


 

El afán curricular, ya sea con presente o anterior legislación educativa, continúa siendo la tapadera perfecta que esconde la falta de actualidad de la escuela en muchos asuntos. Ahora, con la cacareada prohibición de los móviles (¿no lo estaban ya?) en la escuela, cerramos de nuevo los ojos ante muchos de los desafíos sobre los que la evolución tecnológica lleva años advirtiéndonos. Seguiremos con medidas desiguales según la filosofía educativa de cada centro o según las intenciones e ideas que parte del profesorado más influyente pudiera tener. 

 

Como docente que recibe estudiantes recién graduados en la Educación Secundaria Obligatoria o titulados en un ciclo formativo de grado medio o superior, o aquellos que han finalizado hace poco sus estudios de bachillerato, sigo encontrándome con similares carencias digitales y personales que otras generaciones también padecíamos. Tengo la impresión que unos por otros, los docentes de las etapas educativas que nos preceden y los que nos continúan, damos por sentados una serie de competencias y saberes que en la sociedad actual de la información y el conocimiento no debieran ser de difícil adquisición. Pero la realidad, a mi parecer, me sugiere que pasamos de puntillas por muchos asuntos relevantes para el crecimiento personal de los alumnos. 

 

Nos llenamos la boca con la necesidad de un pensamiento crítico por parte de nuestros jóvenes, pero, ¿nos paramos a reflexionar con ellos sobre su significado?, ¿sobre cómo pueden desarrollarlo?, ¿cómo podrían buscar mejor, analizar las fuentes, cribar contenidos o mencionar la autoría? Muchos desconocen las herramientas avanzadas de los buscadores, y ahora, con la Inteligencia Artificial, me temo que pasaremos a una nueva etapa donde el copio y pego seguirá siendo habitual pero más difícil de detectar cuando se espabilen en estas artes. Al respecto de la desinformación tampoco observo mayores avances. Adultos y jóvenes somos carne de cañón ante bulos y falsedades viralizadas por propios y extraños. La dedicación a estos menesteres no parece ser muy intensa y generalizada entre los escolares. El extremismo, la discriminación, la xenofobia, la violencia, la homofobia, el machismo, etc. pueden ser también consecuencia de esa falta de espíritu crítico y filtro personal. 


Luego viene la educación sexual y la conocida y temprana sobreexposición de los menores a contenidos inadecuados. Más allá de las charlas policiales, que hacen su papel avisando sobre las amenazas de los ciberdelincuentes, el descontrol sobre el consumo de estos contenidos y la insuficiente educación afectivo-sexual son el abono perfecto para todo tipo de agresiones sexuales. ¿Educamos al respecto suficientemente?, ¿controlamos a los menores y enseñamos a las familias a establecer medidas de seguridad efectivas? Por no mencionar los casos de bullying y su relación con el descontrol en el uso de las pantallas; pese a que es un tema al que ahora se dedica más atención y recursos. 

 

La escuela, a pesar de la opinión contraria de algunos, también es responsable de la educación y formación en todos estos aspectos que sobrepasan a muchas familias; tanto por falta de conocimientos tecnológicos como por la inacción o dejación parental. La escuela puede ser la única tabla de salvación de muchos jóvenes que continuarán en la inopia tecnológica si no somos capaces de darles los recursos necesarios. Debemos ser capaces de vertebrar medidas eficaces y pragmáticas en el sistema educativo; conocemos de sobra el famoso marco de competencias digitales pero nos falta imprimir agilidad en lo que realmente importa para la educación del alumnado, más allá de certificados u otras cuestiones formales que solo nos despistan.


Dediquemos más tiempo a estas cuestiones que son transversales, más allá de los contenidos y competencias de nuestras materias; asuntos donde nos jugamos el futuro de la sociedad que nos gustaría tener. Centremos el debate no solo en las prohibiciones sino en el aprendizaje y en los valores que todo joven debiera respetar dentro de ese magnífico y desatendido marco que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

CONTRATAR A UN FORMADOR/A DE DOCENTES DE FP

miércoles, 21 de junio de 2023

 

CONTRATAR UN FORMADOR DE DOCENTES DE FP

Acertar a la hora de elegir un formador/a de docentes, no es tarea fácil. Al igual que ocurre con la elección de un centro educativo, no suele ser oro todo lo que reluce. El marketing, las modas o una buena tarjeta de presentación pueden confundir nuestra decisión. Antes que nada, se sobreentiende, que tenemos claros los objetivos de la formación que necesitamos para mejorar nuestras competencias profesionales a nivel técnico, didáctico, digital... o en cualquier otra habilidad que sabemos puede ser útil para nuestro desempeño. Dejarse llevar solo por lo que está en boga es una pésima estrategia. 


Y, ¿qué formación podemos necesitar el profesorado de Formación Profesional? Evidentemente, una formación técnica actualizada debiera ser uno de los propósitos principales. A pesar de que este tipo de formación, adecuada a los módulos, no parece tener tanta demanda y suele ser difícil de encontrar por su especificidad o por el coste que supone. Incentiva las estancias formativas en empresas del sector también sería una acción relevante. Luego tenemos la formación didáctica. En este sentido, sería interesante saber diferenciar entre pedagogía, educación, enseñanza y didáctica. El saber cómo enseñar para que aprendan mejor los estudiantes no es poca cosa. Y revisar nuestra práctica, desde luego.También son importantes los recursos del profesorado para llevar mejor a cabo la labor tutorial, la orientación personal, la conflictividad en el aula, etc. Sin perder de vista que no somos especialistas en psicología, ni sanitarios, ni nos podemos responsabilizar de ciertas problemáticas que requieren profesionales adecuados.

 

En los últimos años, en mi opinión, hemos querido abarcar demasiadas áreas a nivel de formación docente. Nos hemos complicado la vida con formaciones efectistas pero poco realistas a la hora de aplicar en el aula. O, tal vez, hemos caído en acciones formativas demasiado puntuales con escaso recorrido y una implantación anecdótica o esporádica. Nos han dado gato por liebre en más de una ocasión. La escasa rigurosidad de la temática, o la capacidad de convicción del comercial, pueden hacernos perder unas valiosas horas de trabajo en los centros educativos. Poco nos paramos a pensar en el coste de tener bloqueados a más de veinte docentes durante unas horas. 

 

Y, ¿qué tipo formación contratar? Muchos cursos se anuncian sin saber quién es el formador/a responsable. Es imprescindible conocer su perfil profesional, su contacto con la etapa formativa en la que nosotros trabajamos, su experiencia profesional docente o sectorial, las referencias que tiene, etc. Un buen título de una acción formativa, una buena web de presentación o un vídeo más o menos atractivo, no pueden ser decisivos para llevar a cabo la formación. Desafortunadamente, mucha de la oferta formativa que se ofrecen a través de entidades públicas o privadas, centralizadas en algún responsable, profundizan poco en relación al perfil del formador contratado o colaborador; son necesarias las referencias y un estudio más exhaustivo de esos perfiles que van a suponer un esfuerzo del equipo docente que no es solo económico. 

 

En FP las inquietudes son muchas. Cada curso tenemos más frentes abiertos. No es difícil marearse ante la vorágine de demandas que requieren los nuevos títulos, nuevos módulos, nuevas competencias, nuevas metodologías, nuevas tecnologías... Centrar la mirada y la visión de lo que creemos que es realmente importante para mejorar la Formación Profesional que ofrecemos, es una tarea complicada. Enseñar mejor siempre debe ser una de las prioridades. Actualizar nuestros conocimientos técnicos, a menudo desfasados, también es trascendental. Tratar de adaptarse a los nuevos tiempos, sin perder el rumbo ni la experiencia acumulada, buscando soluciones sustentadas en evidencias y en un trabajo riguroso, sin experimentos, es además vital para no errar en la formación elegida. Los más de 57.000 profesores y profesoras de FP que hay en España, requieren indudablemente de mayores habilidades para un entorno digital y los cambios que provocan la transición energética y demográfica que vivimos. 


La innovación educativa ha pecado de superficialidad en demasiadas ocasiones; la buena pedagogía ha sufrido las consecuencias de esta innovación volátil. Nos preguntamos cada vez menos por el proyecto pedagógico, sobre el por qué y a quién educamos. Tratar de acompasar esta reflexión con el tipo de formación docente que buscamos, es algo fundamental para un proyecto educativo. Ciertamente, no siempre atinaremos con la formación seleccionada. Pero, al menos, debemos tener claro el enfoque, la profesionalidad y la trascendencia de una formación que no es fácil que encaje en cada uno de los docentes de un claustro o departamento. 

 

Aconsejo buscar formadores que nos hagan pensar y replantearnos nuestra labor; que nos provoquen y den motivos para embarcarnos en nuevas prácticas; que conozcan bien su área, comuniquen y conecten con un público que suele ser crítico; que, sin soberbia, aporten conocimientos, técnicas, lecturas y pasión por enseñar a los que enseñan. 

LAS COMPETENCIAS Y TRABAJOS DEL FUTURO EN LA FP

lunes, 15 de mayo de 2023
Como cada cierto tiempo, los informes sobre los trabajos y competencias que el futuro demandará, proliferan por las redes a través de organismo o entidades que pretenden adivinar qué nos deparará el mercado laboral en los próximos años. La labor de pitoniso es bien difícil en los tiempos que corren; más todavía con la vertiginosa irrupción de una desafiante Inteligencia Artificial (IA) que parece removerá los cimientos de los negocios y sus empleos. Cuando creíamos que estaba todo controlado, manejando con cierta soltura los dispositivos móviles, manejando internet o atentos al big data, nos han devuelto a la casilla de salida. 

Sin embargo, no está de más estar atentos a los posibles cambios que se avecinan, teniendo en cuenta la cada vez más necesaria actualización de los títulos de una Formación Profesional que requiere estar a la última. Para muestra del acierto de predicciones pasadas tenemos la publicación de la revista The Futurist, en febrero de 1984, de un artículo titulado "Carreras emergentes: ocupaciones para la sociedad postindustrial", escrito por el psicólogo y consejero de carreras S. Norman Feingold. Las tendencias que Feingold  rastreaba en ese momento incluían el avance de las tecnologías de información y comunicación que estaban mejorando la productividad de la oficina, así como las oportunidades creadas por los avances médicos y los desafíos asociados con la escasez de recursos. Las carreras emergentes que identificó, como consejero genético, gerente de hotel oceánico y técnico en inteligencia artificial, se desarrollarían a partir de áreas de carrera preexistentes y serían posibles a través de avances en tecnología, cambios en el medio ambiente y otras megatendencias. Parece que casi acertó de pleno, hace ya 40 años... 

 

Ahora nos toca desgranar las tendencias, las competencias y futuros empleos que, en el reciente informe sobre el futuro de los trabajos ("The Future of  Jobs Report 2023"), las mayores empresas a nivel global entienden que se producirán como consecuencia de los cambios tecnológicos, geopolíticos, sociales y medioambientales.  


En relación a las competencias clave que se espera los docentes desarrollen, no hay demasiadas novedades sobre lo venimos escuchando en los últimos tiempos:


 1. Habilidades digitales y técnicas: en el uso de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial, el aprendizaje automático y la realidad virtual para poder integrarlas en su enseñanza. 

2. Habilidades blandas: la resolución de problemas, la creatividad, la colaboración y el pensamiento crítico para poder fomentar el aprendizaje permanente entre el alumnado. 

 3. Conocimientos especializados: en áreas como la tecnología, las ciencias, las matemáticas y las habilidades técnicas para poder ofrecer una educación más personalizada y adaptada a las necesidades de cada estudiante. 

4. Comunicación efectiva: habilidades en la comunicación efectiva para poder transmitir información compleja de manera clara y concisa a sus estudiantes. 

5. Adaptabilidad: capaces de adaptarse rápidamente a los cambios en el entorno educativo y laboral para poder ofrecer una educación relevante y actualizada. 

 

Y me gustaría lanzar una pregunta (no retórica) al respecto de estas competencias clave de los docentes: ¿existe realmente una planificación al respecto? Tengo la sensación de que los discursos (sobre todo en política educativa) se focalizan en unos lugares comunes pero vacíos donde la palabrería nos impide avanzar y concretar para cada una de las titulaciones de FP en las que trabajamos. 


También se pronostica un crecimiento sustancial de empleos para profesorado de Formación Profesional (Vocational Education Teachers) que acompañaría a una demanda creciente de puestos de trabajo relacionados con la sostenibilidad, la inteligencia artificial, la tecnología, la digitalización y la sostenibilidad. Por el contrario, trabajos administrativos, en contabilidad, de secretariado, cajeros, empleados de servicios postales o taquillas, o de entrada de datos, irán disminuyendo conforme avance la digitalización. 

 

Observamos también, según este informe, que la formación de los trabajadores, las plataformas digitales y las apps, el análisis de big data, la realidad aumentada y virtual o la computación en la nube, el procesamiento de texto, voz e imágenes, el internet de las cosas y la IA, van a impactar positivamente en la creación de empleo en el sector educativo y en esa transformación anunciada repetidamente.

 

A nivel de competencias profesionales, tanto en para los profesionales del sector educativo como para los trabajadores de otros sectores económicos, vemos que las habilidades cognitivas (atención, memoria, razonamiento, aprendizaje...) siguen siendo las más demandadas, seguidas de la eficacia personal, las competencias tecnológicas, el trabajo en equipo y las habilidades de gestión o dirección. 

 

En relación al reciclaje y actualización profesional (reskilling and upskilling) vemos también un cambio significativo en comparación con años anteriores. El pensamiento analítico y creativo, la Inteligencia Artificial y el big data, el liderazgo y la influencia social, la resiliencia, flexibilidad y adaptabilidad, o la curiosidad y el aprendizaje continuo, son los puntos clave hacia donde giran las estrategias de las empresas; adquiriendo menor importancia otras competencias relacionadas con las destrezas manuales, las habilidades sensoriales, la lectoescritura y las matemáticas, o el multilingüismo. 

 

Muy interesantes también las perspectivas de rotación de trabajadores por sectores (labour market churn); así como los empleos donde se espera mayor creación de nuevos empleos o mayor destrucción de trabajo. Unos datos interesantes para analizar detalladamente las consecuencias de los cambios tecnológicos, sociales, económicos y medioambientales, en las distintas familias profesionales que nos ocupan. Si no adaptamos las distintas titulaciones a estos cambios, así como actualizamos las competencias que necesitan tanto el profesorado como los estudiantes, será complicado mejorar su empleabilidad y expectativas personales. 

 

Políticas para retener el talento del profesorado, la planificación de una carrera profesional docente y una gestión estratégica de la formación de los profesores, son claves para hacer frente a los cambios; no a los que se avecinan sino a los que ya estamos experimentando. Sin obviar la necesidad de actualización de unos currículos desfasados junto a unos libros de texto también anticuados; y la obligación de desechar modas educativas y ocurrencias que no trascienden ni transforman la Formación Profesional que precisamos. Además de una nueva Ley, vamos a necesitar mentes preclaras que conduzcan la FP al ritmo y con el cuidado que los tiempos y nuestra comunidad educativa merecen. El desafío lo exige.

 

LAS COMPETENCIAS Y TRABAJOS DEL FUTURO EN LA FP

LA IMPORTANCIA RELATIVA DE LOS TÍTULOS Y CERTIFICADOS PROFESIONALES

domingo, 16 de abril de 2023

La de trabajar me la sé y la mayoría de jóvenes acabarán, sin remedio, teniéndosela que saber. Disculpad el uso del lenguaje juvenil. Otro cantar es la necesidad y la proliferación, proporcionalmente crecientes, de todo tipo de títulos y certificados para validar nuestra capacidad profesional o las competencias mínimas que de nosotros demanda el mercado del trabajo. Y no es cosa nueva. Desde la aparición de los créditos de libre configuración universitaria, donde unas horas de formación en macramé se validaban para licenciarte, la oferta formativa ha evolucionado hasta el absurdo. Por no hablar de los cientos de cursillos de toda índole que puntúan en los procesos de concurso-oposición o para obtener complementos salariales por formación. Lo de aprender queda en un segundo plano.


Y el problema no es la oferta formativa. Lo preocupante de este asunto es la fiebre por poseer títulos o certificados, sin límite alguno, para superar a cualquier potencial competidor de un puesto de trabajo. Mientras tanto seguimos colaborando en el negocio de títulos impresos en papel mojado que lucen bien en el currículum. Porque, ¿se cursan para aprender o por simple exigencia del guion? Y esta trama parece no tener fin. Afortunadamente, cada vez son más los jóvenes con una educación superior (FP grado superior, grado, máster o doctorado universitario): en el año 2021 en España un 41,1% de los hombres y un 52,1% de las mujeres de 30 a 34 años alcanzaban este nivel de formación. Y claro, ¿cómo diferenciarnos en un mercado laboral saturado a la vez que sobrecualificado en determinados puestos? A lo mejor nos hemos pasado de frenada con aquello de la formación permanente para toda la vida; y la cantidad en estas cuestiones no parece significar mayor calidad o sustancia. 


La congestión en la demanda de educación superior ha provocado un acceso cada vez más costoso a través de altas notas de corte; el problema de los números clausus se ha agravado al igual que se ha incrementado la laxitud en la expedición de títulos para atraer a una clientela ávida de certificados académicos. Las notas de corte para acceder a la universidad siguen al alza (ver tabla 4.2.6 de este informe del sistema universitario español), al mismo ritmo que el número de sobresalientes en bachillerato se incrementa. Y no creo que sea por la evolución de la especie. De nuevo nos topamos con una burbuja calificadora que no va ligada a un mayor aprendizaje (supuestamente deseado) sino a obtener una plaza que, en el caso de no ser lograda, habrá que terminar abonando.


Y así suma y sigue con ese arsenal de títulos que necesitamos para ocupar cualquier empleo: certificados de idiomas, de digitalización, de voluntariado, de prácticas no laborales; o esos nuevos certificados de profesionalidad que corren el riesgo de convertir en un galimatías el actual sistema de Formación Profesional. Veremos quién gestiona todo ello (sin ser a costa del profesorado) y si no caemos en el mercadeo de unidades de competencias y módulos formativos. El tiempo dirá. 

 

Podemos apiadarnos de aquellos que se dedican a la selección de personal. Filtrar al mejor candidato entre esa marea de polititulados debe resultar cada vez más costoso. Pese a que, a la larga, los que se venden mejor o aquellos que rezuman normalidad, terminan obteniendo habitualmente las mejores oportunidades. Mucha digitalización y marca personal, pero el contacto físico, cara a cara, con el tiempo, nos pone a todos en su sitio (ya seas taker, giver o matcher). Por no incidir en aquello de que el mejor predictor del éxito profesional es que tus padres tengan dinero. Ya sabíamos, aunque algunos deseen ignorarlo, que solo el esfuerzo y los títulos no garantizan el progreso laboral. Suelen ser condición necesaria pero no suficiente. 


Además, todos esos certificados que en teoría deben evidenciar conocimientos y capacidades a título personal, hay que acompañarlos de mucha educación. Una educación de difícil certificación. Ahí quedan todos esos saberes que acostumbramos a considerar inútiles y que no venden tanto a nivel profesional; o aquellos que de un modo informal atesoramos a lo largo de una cada vez más larga vida laboral y que disfrutan tus alumnos, compañeros, clientes o empleadores. Sin mencionar esa ristra de competencias blandas que no hay título que las convalide. Ojalá, la inquietante inteligencia artificial, nos estimule a valorar lo que es invisible a los ojos. Ya lo dijo Antoine de Saint-Exupéry.

 

LA IMPORTANCIA RELATIVA DE TÍTULOS Y CERTIFICADOS PROFESIONALES

¿EDUCAMOS CON URBANIDAD Y CORTESÍA?

miércoles, 8 de febrero de 2023

Hay quienes afirman que uno debe venir a la escuela educado de casa; que los centros educativos debieran ser únicamente transmisores de conocimientos; que para dar valores y normas de comportamiento ya están las familias de los estudiantes. Pero la realidad nos dice otra cosa. El laissez faire educativo, por distintos motivos, nos ha llevado a una situación en las aulas que parece se complica. Tal vez la pospandemia, un exceso de condescendencia con los menores, la compleja situación laboral de los padres y madres, y la falta de recursos pedagógicos para abordar estos conflictos crecientes a nivel de comportamiento y esfuerzo académico, están agravando el problema.

 

Una de las acepciones según la RAE del verbo educar hace referencia a: "Enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía". Esos dos usos que parecen ser cosa del pasado o de vejestorios trasnochados. Palabras casi en desuso tanto por su significante como por su significado. Y no hablo de vestir trajeado, hablar de usted o andar estirado. Puede que algunos lo vinculen con tiempos anteriores a la democracia o con motivos arbitrarios. Aquí también podríamos debatir acerca de esa otra acepción de educar, incluida en la RAE, relativa al desarrollo de las facultades morales de los más jóvenes. Muchos de ellos, no sé bien por qué, poco dispuestos a ser aleccionados, corregidos e instruidos por personas de mayor edad y experiencia; donde la autocrítica es escasa mientras abunda el juicio sobre los demás.


Aquí ya podríamos comenzar a polemizar sobre ciertas actitudes que hoy día nos parecen de lo más normal. Y no solo con los jóvenes. Hablo siempre desde dentro del aula. Conductas que chocan, no solo por la incorrección, sino también por la falta de respeto que suponen para docentes y compañeros estudiantes. Hoy no es raro ver a un alumno calentando su bocadillo de tortilla de habas en clase y pegarle mordiscos sin esconderse, servirse una infusión de mejunjes con su termo, wasapear con los colegas desde el portátil, atender llamadas supuestamente urgentes, alimentarse con frutos secos para recuperar la energía del gimnasio, dormitar sin disimulo abrazado al mobiliario, levantarse sin medida, montar partidas grupales online con los móviles, no quitarse los airpods, etc. Tal vez deba volver a ver esa película antigua, "Rebelión en las aulas", para no caer en la desesperanza y en el cualquier tiempo pasado fue mejor. Aunque el problema, como apuntaba en mi penúltimo artículo sobre el uso del móvil, lo encontramos cuando este tipo de actitudes se prorrogan con los años y por esa juventud que parece se alarga hoy día hasta bien entrada la treintena.

 

El exceso de velocidad al que tenemos malacostumbrados a los jóvenes, al que no llegamos ni los docentes ni las conexiones de internet de los centros educativos, provocan también esa apatía continua con cualquier actividad propuesta o lección presentada. Una pasividad o rechazo que supone un esfuerzo constante para un profesorado que, por un lado, debe ser capaz de gestionar el aula y, por otro, debe saber programar un curso atendiendo a las particularidades de la juventud actual. Todo ello sin claudicar en cuanto a las competencias y saberes que pretendemos que alcancen nuestros alumnos. Ser cercano, sin caer en esa falta de urbanidad, se hace más necesario que nunca. Enseñar esas actitudes y normas de cortesía es actualmente una obligación que debiera ser compartida con el resto de adultos con los que se relacionan. Pese a los ofendidos, progenitores y vástagos, con los que chocaremos inevitablemente. Ese será el precio de tener nuevas generaciones más educadas (y posiblemente más esforzadas). 

 

¿EDUCAMOS CON URBANIDAD Y CORTESÍA?

Foto de Tom Pumford en Unsplash
Con la tecnología de Blogger.

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